Querida puebla

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  1. antorres53
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    • 1. QUERIDA PUEBLA Rafael Rodríguez Sández Fotos: Manuel PáezEn La Puebla de Cazalla, los Reyes Magos pasan a las doce del mediodía del día cinco de enero. Losniños nos congregamos ante la torre del convento y le cantamos al campanero, Diego toca las campanassi no las tocas hoy las tocarás mañana, pues tenemos clara conciencia de la dificultad que tiene esta horapara los Reyes, y por eso manifestamos con nuestro cántico la comprensión que supone aplazar paramañana la realización del prodigio. En los demás pueblos, los Reyes esperan a que se haga de noche paraocultarse y disimular su actuación con la oscuridad. Pero en el nuestro realizan un ejercicio más difíciltodavía y atraviesan el pueblo a pleno día y sin engaños y no se toman más ventajas que la de que losniños estamos en la plaza del convento pendientes de las campanas. Creo que los Reyes realizan estealarde ante nosotros en gratitud y correspondencia a nuestra fe en ellos, una fe sin recelos ni atenuantes,una fe que no pide nocturnidad ni otras circunstancias que faciliten la creencia, una fe a pelo, con luz ycampanero.Entre los niños corre el rumor, además, de que algunos años se ve la mano y el brazo de uno de los Reyes,de Baltasar sobre todo, en el momento de tirar de la cuerda de la campana, ayudando a Diego ycomplicando todavía un poco más las dificultades. Los que hemos sido niños en la Puebla tenemos elrecuerdo, que no podrán abatir nunca ni los años ni las pérdidas neuronales que los acompañan, de habervisto entre claridades del mediodía y no entre brumas nocturnas, el brazo de Baltasar, sólo el brazo,sobresalir por el hueco de las campanas de la torre del convento y tirar de la cuerda.Estos acontecimientos de los Reyes Magos alegraban unos días que venían cargados con alguna tristeza acausa del fin de las vacaciones de Pascua, tan esperadas y tan breves. Todo lo que ocurría a lo largo deellas nos parecía deslumbrante y de la mejor calidad, empezando con las jornaditas y el olor y lospreparativos de los primeros portales de Belén, el sol, los días en los que lucía, pero también la lluvia losdías en los que llovía, que le daba a las calles un aspecto triste y magnífico, y que hacía tan placentera laentrada en la casa, tan acogedora la camilla con el brasero, expandido el aroma de la alhucema y elromero, y también, mirando desde la ventana o el cierro, la emoción que la misma lluvia provoca y la 1
    • 2. egoísta alegría de saberse protegido y cobijado, y el sentimiento, que luego en el verano el calornormalmente desbarata, del gusto por lo íntimo y lo propio.No eran de inferior clase los días soleados de las pascuas. Por la mañana aparecían empañados loscristales de las ventanas y los restos de la helada nocturna permanecían todavía sobre las macetas yarriates. El sol iba apareciendo entre indecisiones en el momento en que la primera copa del día llegaba ala camilla, puede que arrojando el humo de algún tizo, al que había que coger con la badila o mejor conunas tenazas y apagar en un cubo de agua, operación que produce siempre una satisfacción inexplicable.Cuando el sol conseguía al fin ser más fuerte que la inercia de la noche, imponía su luz en las calles entretonos suaves y uniformes y gente que lleva frío entre los mantones, las mujeres, y las pellizas, loshombres.Como todo el mundo habrá observado, la luz de los días laborables no es la misma que la luz de los díasque son vísperas y fiestas. Esta luz ha de ser clasificada en luz de víspera de domingo simplemente, estoes, luz de sábado, espléndida ciertamente, y repetida cada sábado a lo largo del año, y luz de vísperas defiestas mayores y más extensas. En estas segundas, la luz alcanza una perfección casi total, no importaque llueva o ventee. La peculiaridad de esta luz y aquello por lo que especialmente se caracteriza es la deir acompañada de una gran serenidad y quietud en el momento del atardecer, que es cuando la vísperaluce de modo principal. La incertidumbre que bajo la figura del mañana atemoriza a los hombres y lesinquieta, aparece aniquilada en estas vísperas infantiles con la perspectiva de que al día siguiente no hayque temer a la clase temprana cuyas lecciones había que saber desde el día anterior, sino que, muy alcontrario, el día va a empezar con la maravilla del tiempo por delante sin mayores complicaciones, sinobligaciones escolares, con todos los atractivos de las fiestas abiertos ante uno, partido de pelota en elpaseo, paseo por la carretera después de comer, merienda y paseo por la calle Victoria con los amigos, ynuevo declinar del día con una nueva perspectiva de maravillas para el día siguiente. Por todo ello, elfinal de un tiempo de vacaciones, como el de las pascuas, era siempre algo triste y oscuro.Si es el comienzo del otoño y ha llovido, disfrutamos con el cambio de estación y el cambio de ropa trasel verano tan largo, y hay en la calle un aire nuevo y fresco, alguna señal de la lluvia en las aceras, una luzdistinta y más suave, un frescor mañanero que nos conmueve. En la Puebla el otoño comienza cuandoacaba la feria y es más una señal de la costumbre que un acontecimiento estrictamente meteorológico,pues no importa que acabada la feria siga haciendo calor de verano si ya hemos decretado que ha 2
    • 3. terminado el tiempo de pasear por el paseo y va a empezar el de pasear por la carretera. Es verdad que enmuchas noches de septiembre ya no es agradable sentarse en la puerta de la calle pues hace fresco y nohay esa cosa rotunda del verano, ese ahondamiento de la noche, pero aunque viniera el mismo calor y elmismo ahondamiento, ya, después de la feria no es lo mismo, pues, por ejemplo, no pasa tanta gente parael cine e incluso el cine de verano ya no abre y el de invierno no abre todavía, o, con toda seguridad,después de la feria, Cuchilleja no enciende el foco grande de la puerta de su casa, el que ilumina losveladores y da a la calle tanta luz y animación. Así que el otoño empieza con estas señales y la calleVictoria queda por las noches más vacía y sola, y esperamos como cada año la primera lluvia que trae elolor de tierra mojada que el verano ha hecho tan remoto, la que hace brillar los adoquines de la calle conel breve resplandor de la lámpara nocturna, la misma que hace sonar las primeras canales y trae losprimeros olores de la ropa guardada entre alcanfor.Estamos empezando el mes de octubre y están maduros los duros membrillos y vienen las granadas consu primera acidez amarga y la luz ya no invade la calle ahuyentando a los vecinos sino que es amable ysuave y la tarde, pasada la hora de la merienda, se acorta y apenas llega a las seis y media.En las mañanas de otoño e invierno se suelen instalar en la Plaza del Ayuntamiento vendedoresambulantes que practican una oratoria florida y persuasiva. Recuerdo una mañana en la que el oradorofreció como regalo a todo el que le comprara el lote de mantas y toallas que ofrecía una cartera de pielde lagarto tuberculoso, dijo, adjetivo que repitió con insistencia y que a mi me resulto discordante con laseriedad que había tenido el discurso hasta aquel momento, dándome la impresión que esa nota de humorinvalidaba el anterior discurso y quitaba calidad al género que vendía, pues, si el regalo era de piel delagarto tuberculoso, ¿por qué no podía ser el cobertor, que no era objeto de regalo, de lana de ovejaigualmente tísica?, o bien que la introducción de aquel adjetivo demostraba para el que quisieraentenderlo que él, que poseía dotes evidentes para triunfar en empresas más importantes, ejercía laprofesión de vendedor muy a disgusto y por la dificultad de los tiempos, que no estaban para escrúpulos yflorituras, con lo que él mismo dejaba sin valor una oratoria como la que practicaba, tan variada yestimable, o puede que tan sólo estuviera haciendo una prueba de la atención del público siguiendo unprocedimiento que utilizan muchos maestros y oradores que consiste en la introducción brusca de unadiscordancia para comprobar el nivel de interés de los oyentes. Procedimiento que usaba conmigo y paramedir mi grado de atención mi vecino Barrero cuando me apalabraba por las mañanas para oyente de lalectura del periódico. Colocados él detrás del mostrador de la tienda y yo delante sentado en una silla, meleía con perfecta entonación y con los movimientos de brazos y manos que el texto requiriera toda lavariedad de noticias y discursos, pero de vez en cuando fingía leer cosas del tipo sucesos: le sustraen unacartera vacía que contiene quinientas pesetas y me miraba con atención y seriedad por encima de lasgafas para comprobar si yo me percataba o no me percataba de lo que me había dicho, si yo le oía conatención sincera o con atención simulada, en suma, si yo era un buen oyente o no era un buen oyente.Durante la Navidad se coloca la tómbola benéfica en uno de los arcos del Ayuntamiento. Esta tómbola hacambiado el sistema de las papeletas con respecto a la que, antes de ella, se instalaba en la feria. En estade la feria, las papeletas eran de papel blanco liado en diagonal con fina precisión y evidente mala leche yconseguir abrirlas era una tarea que no todos conseguían finalizar. La misma organización de la tómbolase compadecía de los compradores poniendo a su disposición un tazón lleno de agua en el que éstosmojaban la papeleta con la ilusión de abrirlas, pero logrando tan sólo que se desprendieran trocitos depapel y que quedara desleida la tinta que en el interior podía anunciar la presencia de un premio. 3
    • 4. Pero si no son las pascuas y no está la tómbola, la plaza tiene por las tardes de invierno un aire triste eíntimo, alumbrada con las luces de las cuatro altas y elegantes farolas que asentadas en un pedestal deladrillos suben mediante tronco metálico hasta terminar en la lampara que viene a ser como una piña contulipa de cristal. Luce tras las puertas del Central el ambiente del interior y también Reguera y el barPuerto tienen las luces encendidas, y hay gente que sale y entra en ambos bares, y algunos niños quejuegan y el Chumi que atiende a los últimos clientes antes de cerrar, y otros niños que vienen de hacermandados, y la casa de las Marroyas tiene una luz muy tenue tras los visillos, y están a punto de cerrar losmunicipales la cancela de la plaza de abastos, por lo que habrá que dar la vuelta por la calle Marchena ySevilla para llegar a la calle Victoria.Es la hora en que solemos hacer algunos mandados que tienen también una función reparadora y dedescanso, a la tienda amarilla, de tan buenos amigos, o a la del al lado, con los amigos que son los hijosdel dueño, o a la farmacia de la calle Marchena, de D. Juan Gutiérrez, que es una de las farmacias que hayen la Puebla. Otra de ellas es la de la familia Raya en la calle Marchena también, la cual tiene el atractivode poseer un lagarto metálico del que se levanta la mitad de su cuerpo seccionado para llamar la atencióndel dependiente, y es una atracción irresistible entrar a darle al lagarto un par de golpes secos y potentes ysalir corriendo antes de que se pecarte el personal boticario. 4
    • 5. Pero si es verano, hay un sol que anuncia desde muy temprano sus intenciones de abarcarlo todo. Estánmuy frescos los higochumbos en el puesto de la plaza y resulta admirable la perfección con la que elvendedor los prepara antes de ofrecerlo al cliente: un corte en cada uno de los polos, un corte vertical conla navaja, y ofrecimiento del fruto sobre la piel de la que el tirón del comprador lo desprende totalmente.No queda nadie en la calle cuando el sol la ocupa totalmente. En el frescor de la casa se oye cómo se estámajando el gazpacho en el dornajo, y cómo se le va añadiendo poco a poco el agua fresca del pozo. En lahora de la siesta el pueblo entero está recluido defendiéndose de la agresión. A esta hora pasa Daniel elheladero pregonando la mercancía, declarando con sencillez y buena voz una verdad que es elfundamento de su profesión y la razón de su presencia a esa hora: hay helado, y aderezando estaevidencia con un puntito de humor que a mi siempre me pareció impropio de la hora e impropio de lasituación del que va empujando el carro con ese calor: chupa el polo, manolo, decía, resonando el ripio enla soledad de la calle con un algo de improcedente y sin sentido. 5
    • 6. Vamos saliendo del sopor de la siesta entre lecturas somnolientas y la carne de membrillo de la merienda,mientras hay gente que ya empieza a salir a la calle con precauciones. Y a partir de la media tarde la vida,la nuestra naturalmente, gira en torno al lugar llamado paseo. Este lugar es un rectángulo que tiene unampio espacio central cerrado en los extremos con un semicírculo en cuyo centro hay una palmera conancho alcorque de ladrillo, y que está rodeado por otro espacio que lo rodea por entero y que es el lugarede paseo propiamente dicho. La tarde transcurre lenta y soberbia entre vueltas repetidas en todas lasdirecciones con descanso en algún poyete, paseo en bicicleta por el andén central y contemplación de lasmuchachas en flor. Claro que hay otros que pasan a la acción, porque en mi pueblo se solía pasar de lapasiva y doliente contemplación propia del amor llamado platónico a la acción amatoria más dinámica ydirecta. Superada esa primera y callada fase del enamoramiento, el enamorado pasaba a una accióncontraria a aquella pasividad primera: si aquella era silente, ésta es manifestación, si aquella sufre, éstahace sufrir mediante cansancio físico propio y de la amada, y así otros atributos. Es el corretear comoexpresión de amor. Esta acción consiste en que si se divisa de lejos a la amada, el interesado corre hastaponerse a su nivel, llegado al cual debe ponerse a correr con todas sus ganas tras la candidata, la cual, yase ha puesto a correr desde que ha visto venir a aquel jumento corriendo sin mayores explicaciones. Estarespuesta ha de ser entendida como que la amada corresponde. Si no lo hiciera le bastaría el desdén o elque te vayas de aquí, imbécil. para que el aspirante sintiera herida de amor, pues amor es triste, ycomprendiera con la herida que había equivocado sus dardos y que había sido inútil tanto sufrimiento.Pero si la candidata respondía con la misma conducta, el calofrío de la respuesta positiva enardecía alfogoso corredor, que tras el éxito podía decir luego yo correteo a la Fulanita y el cuerpo social podía yacomentar que el Fulanito corretea a la menganita. Si el asunto cuajaba se podía pasar a una fase demayor reposo. 6
    • 7. El correteo es propio de la edad temprana. Forma más suave de la expresión del amor y propio de unasegunda edad más sosegada es el arrimarse, el dejarse de caer al lado de la amada por el paseo, por lacarretera o por la calle Victoria, trago amargo donde los haya, que consiste en ponerse al lado de lacandidata y esperar la reacción de ésta, en un momento en el que al amante se le han solido ir de la cabezatodos los temas de conversación posibles, en el que se encuentra torpe e inhábil, torpe y sin gracia, y en elque cualquier gesto de calor o de positiva recepción por parte de ella es visto con gran alivio y consuelo.El arrimarse puede desembocar en trato frecuente y salidas ordinarias que lleven a la relación a mejoresdesarrollos o bien quedarse estancado en la primera prueba, sin superar los silencios, los vacíos y la honday hostil incomodidad en la que el aspirante ha consumido sus primeras energías y las posibilidadesmismas de éxito. En este caso, la retirada es aun menos airosa que la llegada y el protagonista puede sufrirangustias de muerte hasta recobrar la color y la fuerza para arrimarse de nuevo.El cine de verano ha encendido desde las diez y media un luz potente en la puerta y ha puesto enfuncionamiento los aparatos de música. En una época inmediatamente anterior era el sonidoininterrumpido de un timbre el que anunciaba la proximidad de la hora de la proyección de la película. Lamúsica ha sustituido al timbre en estos años, pues era el timbre reclamo tan evidente y descarado, maneratan violenta e irritante de atraer la atención de los aficionados, que podía ser contraproducente para lospropios intereses de la empresa.El cine está dividido en entradas de general, preferencia, y azoteas y tejados adyacentes, en los que no hayque pagar entrada en las taquillas de la empresa, pues escapa a su control. sino gozar de la amistad de losdueños en la casa a fin de que le inviten a uno a escalar a los altos espacios desde los que ver la películade manera tan atrayente como gratuita. 7
    • 8. Fue también en verano cuando conocimos a la poderosa muerte. Una tarde, un camión atropelló a dosniños que iban en bicicleta por el cruce de la carretera de Marchena con la variante de la general deSevilla. Los niños murieron y sus cuerpos fueron traídos al consultorio médico que había enfrente de micasa. La poderosa muerte se hizo presente como una sombra pesada que se apoderó del ambienteoprimiéndolo y que convirtió en grave y opaca la claridad de la tarde del verano, siempre tan leve yligera. Su presencia duró muchos días y continuó presente calmados los primeros dolores familiares, lasexpresiones populares de la condolencia, los relatos llenos de detalles de los vecinos sobre el accidente ysus víctimas, la bondad y la gracia con la que éstas fueron revestidas tras la muerte, apenas nada quefueron mientras vivieron o tan desabrida que fue la vida con ellos, niños de pantalón corto de patén yalpargatas de suela de goma, de bicicleta sin guardabarros y puede que sin frenos, ilusión de la libertad enla tarde del verano, el uno conduciendo la bicicleta, guiándola, el otro sentado en el cuadro ycompartiéndola. La poderosa muerte manifestó la generalidad de su poder dejando afectadas a todas lascosas con su áspera presencia: los árboles del paseo se movieron con un vaivén afligido, hubo más polvodurante aquellos días, más rastrojos y plantas secas por los alcorques de los árboles y los bordillos de lasaceras, más papeles sucios y viejos por el suelo, más suciedad y abandono por todos los sitios, y la luzartificial parecía alumbrar las calles por la noche con menos intensidad y alegría, y envolvía la muerte alpueblo con más y más intensa fuerza que aquella con la que el viento solano lo envuelve los días en losque arrecia con violencia.Otra tarde de otro verano murió el hijo de un guardia civil de un disparo de pistola. La noticia, alexpandirse, cubrió al pueblo de la misma gravedad de la situación anterior y del desconsuelo con que seacompaña. Las conversaciones y los detalles, las versiones de vecinos y allegados, la duda de si fue juegoo decisión propia, enturbiaron también la claridad de las tardes e hicieron más negras y cerradas lasnoches. Muchos nos sentimos acongojados y solos, pues ignorábamos que hubiera situaciones en las quefuera tan necesaria alguna explicación y algún consuelo y en las que tan sólo se encontraba el fríodesconsuelo y el amargo sinsentido.Pero andando el verano, su curso nos lleva a los días 12, 13, 14 y 15 de septiembre. Hay un olor a alberoregado y a chapa de cerveza recién abierta que es privativo de la feria, el olor inolvidable que anuncia laentrada en el mundo aparte que es la feria. Eran cuatro días distintos no sólo en el paseo donde seinstalaban todos los prodigios, sino también en el pueblo, que adquiría una luz distinta, que quedabaalejado de la fiesta y su brillo pero con un ambiente de reposo y sosiego en las calles que no tenía los díasrestantes del año. 8
    • 9. La feria para nosotros empieza por la tarde, y la dedicamos a las siguientes actividades: en primer lugar,observación y disfrute de los ingenios mecánicos, juegos de azar, como el tío y la tía, y a esperar la horaen la que, al declinar el sol y entre dos luces, llegaban nuevos atractivos. La banda de música con susuniformes resplandecientes empezaba su concierto en el templete del centro del paseo. ¡Cómo sonaban lasnotas desgarradas y afirmativas de En el mundo, o las suaves de La leyenda del beso o perdidas en lamagnificencia del paseo las más íntimas y delicadas de la Czarda de Monti, verdadero deleite demelómanos! ¡Y cómo no evocar a tantos amigos como teníamos en la banda y en especial a nuestrosvecinos tan queridos Salvador, Tiburcio y Juanito! Llegan interpretando alegres pasacalles y entre losclamores admirativos del público entre el que me cuento, pues siempre he admirado mucho a las bandasde música y muy especialmente a la de la Puebla, Y los instrumentos, ¡qué maravilla de clarinetes,saxofones, trompas, bombardinos y trombones, qué sutil la trompeta en manos de su indiscutible titularManolo García, qué vibrante la percusión y qué poderoso el viento, qué brillo, que precisión, quédificultad de manejo!Se encendía, con algo de luz en el cielo, el espléndido alumbrado que nos entusiasmaba: los paraguas deluces colgando desde y sobre las palmeras. Y la animación en las casetas en las que entramos y tomamoslas primeras cervezas. Íbamos de traje nuevo, a veces estrenándolo, con chaqueta y corbata y eracostumbre que nos hiciéramos fotos en posiciones y situaciones distintas: en la caseta tomando la cerveza,en el carrusel, en los caballitos, en la entrada al llegar, bien seria la expresión, bien sonriente, bienmirando al infinito pues el infinito reclama con frecuencia la atención del fotografiado cuando éste hatomado un par de cervezas, bien pasando el brazo por el hombro del camarada y amigo, etc. Volvíamos acasa a la hora de cenar con el corazón lleno de las cosas vividas y quizás aún, como la misma cervezaingerida, no digeridas del todo, pues habíamos tenido la experiencia, como ha escrito un poeta, y noqueríamos perder el significado.No lo perdía Pedro Gutiérrez, un hidalgo de amplios saberes y extensos ocios y aficiones que vive, creoque solo, en una amplia y antigua casa. Pedro Gutiérrez, algunos le dicen Pedrito Gutiérrez, es alto ydelgado y los brazos y las piernas le acusan una cierta tendencia al descontrol. Los brazos se le van en laconversación por delante y se dirigen al interlocutor al que no llegan a tocar gracias al movimiento demanos dobladas hacia abajo que inicia al entrar en jurisdicción. 9
    • 10. Las piernas van también un poco por delante del tronco cuando inicia el movimiento de caminar,movimiento que es rápido y acelerado. La cabeza tiende también a ir hacia atrás cuando comienza ahablar tanto en público (arte en la que es un maestro) como en privado. Y al tiempo de ir hacia atrás subela entonación de la frase que pierde intensidad cuando la cabeza regresa a la posición estipulada comonormal, hasta quedar reducida la voz a un hilo muy tenue y suave cuando baja del todo la cabeza y mira alinterlocutor por encima de las gafas.Hay muchos Pedro Gutiérrez y todos conviven en él con sencillez y un candor no exento de picardía. Estáel Pedro de la misa mañanera con su reclinatorio itinerante de altar en altar, el mismo que abandera lashuestes eucarísticas de los primeros jueves y queda extasiado mirando hacia la cúpula musitandooraciones en latín, el mismo que en ocasiones litúrgicas solemnes, blande esa misma bandera congeneroso y potente ímpetu que inquieta un poco a los representantes de las hermandades vecinas, puestemen que les llegue a dar un golpe de bandera.Pero Pedro es también el propietario del primer pick-up (Anselmo Barrero dice pikap, pero es que él sabeinglés y también dice Clark Gueíbol donde todos decimos Clark Gable) que ha llegado a la Puebla,aparato que es movido por la energía eléctrica y al que no hay que dar cuerda de manivela como algramófono inmediato anterior. Pedro tiene discos de música variada, mayormente de zarzuela y de laclásica. Algunas mañanas de verano invita a algunos de sus amigos a oír música; allí oímos las primeraszarzuelas, las que luego cantaba Enrique con tanta constancia, afición y voluntad. En otras ocasionesllevaba el pick-up para audiciones más públicas que se suelen celebrar en los altos del Central, haciendoél una pequeña introducción y comentario.Pedro es también actor de teatro, especialista en papeles cómicos de los Quintero o dramáticos deSalvador Cabello. Pedro se mueve por el escenario con soltura y maestría y no hace falta que su dicciónsea muy clara para que todos entendamos lo que ha dicho. Establece con el público que le quiere unacomunicación honda y amable pues la gente no acaba de ver en él al personaje que interpreta sino alpropio Pedro como personaje, superior a cualquier otro personaje de ficción y mucho más entero, cordialy verdadero. Son coreados sus gestos, sus aciertos expresivos, sus miradas intencionadas a público yartistas, la doble intención que, como en la vida real, le sabe dar a muchas de sus expresiones.Pedro es también un conversador inteligente y un contertulio ameno y divertido. Puede sorprender, si nose le ha tratado mucho, que la mirada le vague errante por el mundo en torno con lo que el interlocutorqueda algo desconcertado, pero el trato repetido nos enseña que la mirada aterriza de nuevo siempre en el 10
    • 11. contertulio y siempre tiene algo de sorpresa y de alegría por el regreso. Habla de libros y de literatura,cuenta anécdotas y sucedidos y admiramos en él sus conocimientos, su humor y buen sentido, la gracialaica de su estilo en tan soberbio blandidor de estardantes parroquiales.Pedro tiene aire de Quijano a punto de ser Quijote, de quijano prequijote, de quijano contenido ycontrolado, tímido y pudoroso al que le da algo de vergüenza ser bueno y algo de apuro echarse a loscaminos y se queda en casa, en la lectura y en la reflexión, en la broma amable y en la manifestaciónexpresa de que este mundo ni es el mejor ni el único, por lo que tantas caras y aspectos de su persona y sufigura, no nos hacen olvidar que la bondad es su principal propiedad y característica, como lo es de todoslos quijanos lleguen o no a echarse al monte.(e-mail: rafael.sandez@uca.es) Nota: Este material es parte de un libro, actualmente en preparación, por lo que la utilización total o parcial del mismo, debe ser previamente consultado. 11
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