Pratchett, terry mundodisco 32 - un sombrero lleno de cielo

Pratchett, terry mundodisco 32 - un sombrero lleno de cielo

  1. Alejandro Solorzano
    Pratchett, terry mundodisco 32 - un sombrero lleno de cielo
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    • 1. UN SOMBRERO LLENO DE CIELO Terry Pratchett Mundodisco Juvenil 3
    • 2. Introducción De "Hadas y cómo evitarlas" por la Srta. Perspicacia Tick: Los Nac Mac Feegle (también llamados Pictos, los Hombrecillos Libres,los Hombrecillos y ‘Persona o Personas Desconocidas; se cree que estánarmados’) Los Nac Mac Feegle, la más peligrosa de las razas de hadas,particularmente cuando están borrachos. Adoran beber, pelear y robar, y dehecho robarán cualquier cosa que no esté clavada. Si está clavada, tambiénrobarán los clavos. Sin embargo, aquellos que han logrado llegar a conocerlos, y sobrevivir,dicen que también son asombrosamente leales, fuertes, obstinados,valientes y, a propia manera, muy virtuosos. (Por ejemplo, no les robarán alas personas que no tienen nada.) El hombre Feegle corriente (las mujeres Feegle son raras —ver másadelante) mide aproximadamente seis pulgadas de estatura, de pelo rojo, lapiel azul por los tatuajes y la tintura llamada woad y, ya que usted está tancerca, probablemente está a punto de golpearlo. Viste una falda escocesa hecha de cualquier tela vieja, porque entre losFeegle la lealtad al clan es mostrada por los tatuajes. Puede llevar un yelmode cráneo de conejo, y los Feegle a menudo decoran sus barbas y pelo conplumas, cuentas y cualquier otra cosa que atraiga su fantasía. Casiseguramente lleva una espada, aunque sea principalmente para aparentar;los métodos preferidos por los Feegle para pelear son con la bota y lacabeza. Historia y religión El origen de los Nac Mac Feegle se ha perdido en las famosas Nieblasdel Tiempo. Dicen que fueron echados del País de las Hadas por la Reina delas Hadas porque se opusieron a su dominio malicioso y tirano. Otros dicenque fueron echados por estar borrachos. Poco se sabe sobre su religión, si tienen alguna, salvo por un hecho:
    • 3. piensan que están muertos. Les gusta nuestro mundo, con sol, montañas,cielos azules y cosas para pelear. Un mundo asombroso como éste no podríaestar sólo abierto a cualquiera, dicen. Debería haber algún tipo de cielo oValhala, donde vayan los bravos guerreros cuando estén muertos. Así que,razonan, deben haber estado vivos en algún otro lugar, y luego murieron yse les permitió venir aquí porque fueron tan buenos. Ésta es una noción muy incorrecta y extravagante porque, comosabemos, la verdad es exactamente lo contrario. No hay mucho duelo cuando muere un Feegle, y sus hermanos estántristes sólo porque no ha pasado más tiempo con ellos antes de irse al Paísde los Vivos, que también llaman ‘El Último Mundo’. Nadie sabe exactamente cómo pasan los Nac Mac Feegle de un mundoa otro. Aquellos que realmente han visto a los Feegle viajar de esta maneradicen que aparentemente tiran sus hombros hacia atrás y lanzan una piernaderecha hacia adelante. Entonces mueven el pie y se han ido. Esto esconocido como ‘el paso cangrejo’, y el único comentario que un Feegle hizosobre el tema es que ‘todo está en el movimiento del tobillo, sabe’. Pareceque pueden viajar mágicamente entre mundos de todas clases pero nodentro de un mundo. Para este propósito, aseguran a las personas, tienen‘pies’. Hábitos y hábitat Por elección, los clanes de los Nac Mac Feegle viven en los montículosde entierro de reyes antiguos, donde vacían una acogedora caverna entre eloro. En general habrá uno o dos árboles espinosos o muy viejos sobre él —alos Feegle les gustan particularmente los grandes árboles viejos y huecos,que sirven de chimeneas para sus fuegos. Y, por supuesto, habrá un agujerode conejo. Se verá como un agujero de conejo. Habrá excremento de conejoalrededor, y tal vez incluso algunos mechones de pelo de conejo si losFeegle se sienten particularmente creativos. Por debajo, el mundo de los Feegle es un poco como una colmena, perocon mucha menos miel y muchas más picaduras. La razón de esto es que las mujeres son muy raras entre los Feegle. Y,
    • 4. quizás por esto, las mujeres Feegle dan a luz muchos bebés, muy a menudoy muy rápidamente. Cuando nacen son más o menos del tamaño de lasarvejas pero crecen sumamente rápido si son bien alimentados (a los Feegleles gusta vivir cerca de los humanos de modo que puedan robar leche devaca y de oveja para este propósito). La ‘reina’ del clan es llamada la Kelda, que se convierte en la madre dela mayoría a medida que se hace más vieja. Su marido es conocido como elGran Hombre. Cuando una niña nace —y no ocurre a menudo— permanececon su madre para aprender los hiddlins, que son los secretos de la keldaría.Cuando tiene la edad suficiente para casarse, debe dejar el clan, llevandoalgunos de sus hermanos consigo como guardaespaldas en su largo viaje. A menudo viajará a un clan que no tiene kelda. Muy, pero muyraramente, si no hay ningún clan sin una kelda, se encontrará con los Feeglede varios clanes y formará un clan totalmente nuevo, con un nuevo nombrey un montículo propio. También escogerá a su marido. Y desde esemomento en adelante, mientras que su palabra es ley absoluta en su clan ydebe ser obedecida, rara vez se alejará más de una pequeña distancia delmontículo. Es tanto su reina como su prisionera. Pero una vez, durante varios días, hubo una kelda que era una niñahumana... Un glosario Feegle, ajustado a ésos de disposición delicada Bigjobs: grandotes, humanos Blethers: basura, tonterías Carlin: anciana Cludgie: el retrete ¡Crivens!: una exclamación general que puede significar algo desde‘¡Santo cielo!’, a ‘Acabo de perder mi paciencia y habrá problemas’. Dree: siniestro enfrentamiento con el destino que se lleva dentro Geas: mandato, una obligación muy importante, apoyada por tradicióny magia. No es un ave. Eldritch: raro, extraño. Algunas veces significa oblongo, también, poralguna razón.
    • 5. Bruja: arpía, bruja, de cualquier edad Hagging / Haggling: brujería, cualquier cosa que haga una bruja Hiddlins: secretos Mudlin: persona inútil Pished: estoy segura de que esto significa ‘cansado’. 1 Scunner: generalmente una persona desagradable Scuggam: una persona realmente desagradable Ships: 2 cosas lanudas que comen hierba y balan. Fácilmenteconfundidas con las de la otra clase. Spavie: vea Mudlin Linimento Especial de Ovejas: probablemente whisky destiladoilegalmente, lamento mucho decirlo. Nadie sabe qué le haría a las ovejas,pero se dice que un trago de él es bueno para los pastores en noches de fríoinvierno y para los Feegle en cualquier momento. No trate de hacerlo encasa. Waily: un grito general de desesperación1 No lo creo. Lo he anotado como ‘pasado’, pero es más pishado. (Nota del traductor)2 Conceptualmente, oveja. Literalmente, barcos. (Nota del traductor)
    • 6. CAPÍTULO 1 Partiendo Venía crepitando sobre las colinas, como una niebla invisible. Elmovimiento sin un cuerpo lo cansaba, y derivaba muy despacio. No estabapensando ahora. Habían pasado meses desde que tuvo un últimopensamiento, porque el cerebro que lo hacía por él había muerto. Siempremorían. De modo que ahora estaba desnudo otra vez, y asustado. Podíaesconderse en una de las borrosas criaturas que balaban nerviosamentemientras se arrastraba sobre el pastizal. Pero tenían cerebros inútiles, sólocapaces de pensar en hierba y hacer otras cosas como balar. No. Noservirían. Necesitaba, necesitaba algo mejor, una mente fuerte, una mentecon poder, una mente que pudiera mantenerlo seguro. Buscaba... Las nuevas botas estaban del todo mal. Eran tiesas y brillantes. ¡Botasbrillantes! Era vergonzoso. Botas limpias, eso era diferente. No tenía nadade malo en ponerles un poco de betún para mantener fuera la humedad.Pero las botas tenían que durar una vida. No deberían brillar. Tiffany Doliente, parada sobre la alfombra de su dormitorio, sacudió lacabeza. Tendría que raer las cosas lo antes posible. Entonces estaba el nuevo sombrero de paja, con una cinta. Teníaalgunas dudas sobre eso, también. Trató de mirarse en el espejo, que no era muy fácil porque no eramucho más grande que su mano, y estaba rajado y manchado. Tenía quemoverlo a su alrededor para tratar de ver tanto de sí misma como le fueraposible y recordar cómo quedaban las partes todas juntas. Pero hoy... bien, generalmente no hacía este tipo de cosas en la casa,pero era importante verse elegante hoy, y ya que nadie estaba por allí... Dejó el espejo en la desvencijada mesilla junto a la cama, se paró enmedio de la gastada alfombra, cerró los ojos y dijo:
    • 7. —Mírame. Y lejos sobre las colinas, algo, una cosa sin cuerpo y sin mente pero conun hambre terrible y un miedo sin fondo, sintió el poder. Habría olfateado el aire, si tuviera una nariz. Buscó. Descubrió. ¡Una mente tan extraña, como muchas mentes unas dentro de otras,achicándose y achicándose! ¡Tan fuerte! ¡Tan cerca! Cambió la dirección ligeramente, y se movió un poco más rápido.Mientras se movía, hacía un ruido como de un enjambre de moscas. Lasovejas, nerviosas por un momento por algo que no podían ver, escuchar uolfatear, balaron... ... y volvieron a mascar hierba. Tiffany abrió los ojos. Allí estaba, a unos pies de distancia de sí misma.Podía ver su propia nuca. Cuidadosamente, se movió alrededor de la habitación, sin mirar la ‘ella’que se estaba moviendo, porque había descubierto que si lo hacía entoncesel truco terminaba. Era muy difícil, moviéndose de ese modo, pero por fin estuvo enfrentede sí misma y se miró de arriba para abajo. Pelo marrón para hacer juego con ojos marrones... no había nada quepudiera hacer sobre eso. Por lo menos el pelo estaba limpio y se habíalavado la cara. Tenía un nuevo vestido, que mejoraba las cosas un poco. Era tan pocohabitual comprar ropa nueva en la familia Doliente que, por supuesto, lacompraban grande para que ‘creciera dentro de ella’. Pero por lo menos eraverde claro, y ahora no rozaba el piso. Con las nuevas botas brillantes y elsombrero de paja se veía... como la hija de un granjero, muy respetable,marchando hacia su primer trabajo. Tendría que resultar. Desde aquí podía ver el sombrero puntiagudo sobre su cabeza, pero
    • 8. tenía que mirar fuerte. Era como un destello en el aire, que desaparecía tanpronto lo miraba. Por eso se había preocupado por el nuevo sombrero depaja, pero simplemente lo había traspasado como si no estuviera ahí. Era así porque, en cierto modo, no estaba. Era invisible, excepto para lalluvia. El sol y el viento pasaban derecho, pero de alguna manera la lluvia yla nieve lo veían, y lo trataban como si fuera real. Se lo había regalado la bruja más grande en el mundo, una verdaderabruja con vestido negro y sombrero negro, y unos ojos que podíanatravesarte como la trementina atraviesa a las ovejas enfermas. Había sidouna especie de recompensa. Tiffany había hecho magia, magia seria. Antesde haberla hecho no sabía que podía; cuando la estaba haciendo no sabíaque la hacía; y después de haberla hecho no sabía cómo la había hecho.Ahora tenía que aprender cómo. —No me mires —dijo. La visión de ella... o lo que fuera, porque noestaba exactamente segura de este truco... desapareció. La primera vez que lo hizo fue como una conmoción. Pero siempreencontraba fácil verse, por lo menos en su cabeza. Todos sus recuerdos erancomo pequeñas imágenes de sí misma haciendo cosas o mirando cosas, másque la visión desde los dos agujeros delante de su cabeza. Siempre habíauna parte de ella que la estaba observando. La Srta. Tick —otra bruja, pero una con quien era más fácil hablar quela que le había regalado el sombrero— dijo que una bruja tenía que sabercómo ‘mantenerse aparte’, y que averiguaría más cuando su talentocreciera, de modo que Tiffany supuso que el ‘verse’ era parte de esto. A veces Tiffany pensaba que debería contarle a la Srta. Tick sobre el‘mírame’. Se sentía como si estuviera caminando afuera de su cuerpo, peroque todavía tenía una especie de cuerpo fantasma que podía caminar. Todofuncionaba siempre y cuando sus ojos fantasmas no miraran y vieran queera sólo un cuerpo fantasma. Si eso ocurría, alguna parte de ella entraba enpánico e inmediatamente se encontraba de regreso en su cuerpo sólido. Alfinal, Tiffany había decidido reservarlo para sí. No tenías que decirle todo aun profesor. De todos modos, era un buen truco cuando no tenías un espejo. La Srta. Tick era una especie de cazadora de brujas.[1] Así parecía
    • 9. funcionar la brujería. Algunas brujas mantenían puestos mágicos debuscando niñas que mostraran alguna promesa, y les encontraban una brujamás vieja para que las ayudaran en adelante. No te enseñaban cómohacerlo. Te enseñaban cómo saber qué estabas haciendo. Las brujas eran un poco como gatos. No les gustaba mucho la compañíade las otras, pero sí les gustaba saber dónde estaban todas las otras, para elcaso de que las necesitaran. Y podías necesitarlas para que te dijeran, comoamigas, que estabas empezando a chochear. Las brujas no tenían mucho miedo, le había dicho la Srta. Tick, pero loque temían las poderosas, incluso si no hablaban de ello, era lo quellamaban ‘ir hacia el mal’. Era demasiado fácil deslizarte a pequeñascrueldades descuidadas porque tenías poder y las otras personas no,demasiado fácil pensar que las otras personas no importaban mucho,demasiado fácil pensar que ideas como el bien y el mal no se aplicaban a ti.Al final de ese camino estabas babeando y chocheando completamente solaen una casa de jengibre, dejándote crecer verrugas sobre la nariz. Lasbrujas tenían que saber que otras brujas las estaban observando. Y por eso estaba ahí el sombrero, pensó Tiffany. Podía tocarlo encualquier momento, siempre que cerrara los ojos. Era una especie derecordatorio... —¡Tiffany! —gritó su madre escalera arriba—. ¡La Srta. Tick está aquí! * * * Ayer, Tiffany se había despedido de Yaya Doliente... Las ruedas de hierro de la vieja cabaña rodante estaban medioenterradas en el pastizal, arriba en las colinas. La cocina panzuda, todavíavolteada de costado en el césped, estaba roja de óxido. Las colinas de cretalas estaban tomando, exactamente como habían tomado los huesos de YayaDoliente. El resto de la cabaña fue quemado el día que fue enterrada. Ningúnpastor se habría atrevido a usarla, ni siquiera para pasar la noche allí. YayaDoliente había sido demasiado grande en la mente de las personas,
    • 10. demasiado difícil de reemplazar. Noche y día, en todas las estaciones, ellaera el país de la Creta: su mejor pastor, su mujer más sabia, y su memoria.Era como si las verdes tierras bajas tuvieran un alma que caminaba por allícon viejas botas, un mandil de arpillera y una apestosa y vieja pipa,medicando a las ovejas con trementina. Los pastores decían que Yaya Doliente había maldicho el cielo para quefuera azul. Llamaban a las pequeñas nubes blancas y esponjosas del verano‘los pequeños corderos de Yaya Doliente’. Y aunque reían cuando decíanestas cosas, parte de ellos no estaba bromeando. Ningún pastor se habríaatrevido a vivir en esa cabaña, ningún pastor en absoluto. De modo que retiraron el césped, enterraron a Yaya Doliente en lacreta, regaron el pastizal después para no dejar ninguna marca, y entoncesquemaron su cabaña. Lana de ovejas, tabaco Jolly Sailor y trementina... ... habían sido los olores de la cabaña rodante, y el olor de YayaDoliente. Tales cosas tienen una influencia sobre las personas que va directoal corazón. Tiffany sólo tenía que olerlos ahora para regresar allí, a latibieza, el silencio y la seguridad de la cabaña. Era el lugar adonde había idocuando estaba disgustada, y el lugar adonde había ido cuando se sentíafeliz. Y Yaya Doliente siempre sonreía, hacía el té y no decía nada. Y nadamalo podía ocurrir en la cabaña rodante. Era un fuerte contra el mundo.Incluso ahora, después de que Yaya se había ido, a Tiffany todavía legustaba ir allá arriba. Tiffany estaba de pie allí, mientras el viento soplaba sobre el pastizal ylas campanas de las ovejas sonaban a la distancia. —Tengo que... —Se aclaró la garganta—. Tengo que irme. Yo... tengoque aprender una brujería adecuada, y aquí no hay nadie ahora que meenseñe, mira. Tengo que... cuidar las colinas como tú. Puedo... hacer cosaspero no sé cosas, y la Srta. Tick dice que lo que no sabes puede matarte.Quiero ser tan buena como tú. ¡Volveré! ¡Volveré pronto! ¡Prometo quevolveré, mejor de como me voy! Una mariposa azul, alejada de su rumbo por una ráfaga, se asentósobre el hombro de Tiffany, abrió y cerró sus alas una o dos veces, entonces
    • 11. se fue aleteando. Yaya Doliente nunca se había sentido cómoda con las palabras.Coleccionaba silencio como otras personas coleccionaban cordel. Pero teníauna manera de no decir nada que lo decía todo. Tiffany se quedó un rato, hasta que sus lágrimas se secaron, y luegobajó la colina, dejando que el eterno viento se rizara alrededor de las ruedasy silbara por la chimenea de la cocina panzuda. La vida continuaba. No era poco habitual que las muchachas tan jóvenes como Tiffanyentraran ‘en servicio’. Significaba trabajar como empleada en algún lugar.Tradicionalmente, empezabas ayudando a una anciana que vivía sola; nopodría pagar mucho, pero ya que éste era tu primer trabajo probablementeno merecías mucho, tampoco. A decir verdad, Tiffany dirigía la lechería de la Granja Hogarprácticamente sola, si alguien la ayudaba a levantar las grandesmantequeras, y sus padres se sorprendieron completamente cuando quisoentrar en servicio. Pero como Tiffany dijo, era algo que todas hacían. Salíasun poco al mundo. Conocías nuevas personas. Nunca sabías qué podíaresultar. Eso, algo astutamente, puso a su madre de su lado. La tía rica de sumadre se había marchado para ser doncella de fregadero, y luego doncellade salón, y había ascendido hasta ser ama de llaves; se casó con unmayordomo y vivía en una buena casa. No era su buena casa, y sólo vivíaen una parte de ella, pero era prácticamente una dama. Tiffany no intentaba ser una dama. Todo eso era un ardid, de todosmodos. Y la Srta. Tick estaba al tanto. No te permitían cobrar dinero por brujería, de modo que todas lasbrujas también hacían algún otro trabajo. La Srta. Tick era básicamente unabruja disfrazada de profesora. Viajaba con los otros profesores ambulantesque iban en grupos de lugar en lugar para enseñar algo a alguien a cambiode comida o ropa vieja. Era una buena manera de andar por allí, porque las personas en el país
    • 12. de creta no confiaban en las brujas. Pensaban que bailaban en rondas por lanoche, a la luz de la luna, sin sus calzones. (Tiffany había hecho algunasaveriguaciones sobre esto, y se sintió ligeramente aliviada al descubrir queno tenía que hacerlo para ser una bruja. Podías si querías, pero sólo siestabas segura de dónde estaban todas las ortigas, los cardos y los erizos.) Pero si se trata de eso, las personas también desconfiaban un poco delos profesores ambulantes. Se decía que robaban pollos y niños (que eraverdad, en cierto modo), que iban de pueblo en pueblo con sus carroscoloridos, que usaban largas túnicas con parches de cuero en las mangas yextraños sombreros planos, y que hablaban entre ellos usando una jergapagana que nadie podía comprender, como ‘Alea jacta est’ y ‘Quid pro quo’.Era muy fácil para la Srta. Tick ocultarse entre ellos. Su sombreropuntiagudo tenía una versión escondida, que se veía como un negrosombrero de paja con flores de papel hasta que presionaba el resortesecreto. Durante el año pasado, más o menos, la madre de Tiffany se mostrómuy sorprendida, y un poco preocupada, por la repentina sed de Tiffany porla educación, que las personas en el pueblo pensaban que era algo buenocon moderación pero que si se tomaba imprudentemente podía resultar enimpaciencia. Entonces un mes atrás, llegó el mensaje: Prepárate. La Srta. Tick, con su sombrero florido, visitó la granja y les explicó alSr. y a la Sra. Doliente que una dama de edad en las montañas había oídohablar de la excelente destreza de Tiffany con el queso y deseaba ofrecerleel puesto de empleada a cuatro dólares por mes, un día libre a la semana,su propia cama y una semana de vacaciones en la Vigilia de los Puercos. Tiffany conocía a sus padres. Tres dólares por mes era un poco bajo, ycinco dólares serían sospechosamente altos, pero la destreza con el quesomerecía el dólar adicional. Y toda una cama para ella sola era una buenaextra. Antes de que la mayor parte de las hermanas de Tiffany se fueran decasa, dos hermanas en una cama era normal. Era una buena oferta. Sus padres se sintieron impresionados y ligeramente temerosos de laSrta. Tick, pero estaban criados para creer que las personas que sabían más
    • 13. que tú y usaban palabras largas eran muy importantes, de modo queestuvieron de acuerdo. Por casualidad, Tiffany los escuchó hablar esa noche, después deacostarse. Es muy fácil oír hablar a las personas en la planta baja porcasualidad si colocas un vaso boca abajo contra las tablas del piso y porcasualidad pones la oreja sobre él. Escuchó que su padre decía que Tiffany no tenía que irse en absoluto. Escuchó a su madre decir que todas las muchachas se preguntaban quéhabía en el mundo, de modo que era mejor dejarlo salir. Además, era unamuchacha muy capaz con una buena cabeza sobre los hombros. Vaya, contrabajo duro no había razón por la que un día no pudiera ser la criada dealguien muy importante, como Tía Hetty, y vivir en una casa con un retreteinterior. Su padre dijo que averiguaría que fregar los pisos era igual en todoslados. Su madre dijo, bien, en tal caso se aburrirá y volverá a casa cuando elaño termine y, a propósito, ¿qué significa ‘destreza’? ‘Habilidad superior’, pensó Tiffany para sí. Tenían un viejo diccionario enla casa, pero su madre nunca lo abría porque la visión de todas esaspalabras la perturbaba. Tiffany lo había leído todo. Y eso fue todo, y de repente aquí estaba, un mes después, envolviendosus viejas botas, que habían sido usadas por todas sus hermanas antes deella, en un trozo de lienzo limpio y poniéndolas en la maleta usada que sumadre había comprado para ella, que parecía hecha de mal cartón o depepitas de uva pisadas mezcladas con cera de oreja, y tenía que ser atadacon cordel. Hubo adioses. Lloró un poco, y su madre lloró mucho, y su hermanomenor Wentworth también lloró sólo en caso de poder conseguir un dulcepor hacerlo. El padre de Tiffany no lloró pero le dio un dólar de plata y algotorpemente le dijo que se asegurara de escribir a casa todas las semanas,que es la manera de llorar de un hombre. Se despidió de los quesos en lalechería y de las ovejas en el potrero y también de Ratbag el gato. Entonces todos, aparte de los quesos y el gato, se pararon en la puerta
    • 14. y saludaron con la mano a ella y a la Srta. Tick —bien, excepto las ovejastambién— hasta que casi terminaron de bajar el sendero de creta blancahacia el pueblo. Y entonces todo lo que quedó fue silencio excepto el sonido de susbotas sobre la dura superficie y la interminable canción de las alondras porarriba. Estaban a fines de agosto, hacía mucho calor, y las botas nuevasapretaban. —Me las quitaría, si fuera tú —dijo la Srta. Tick después de un rato. Tiffany se sentó al costado del sendero y sacó sus viejas botas de lamaleta. No se molestó en preguntar cómo sabía la Srta. Tick de las nuevasbotas ajustadas. Las brujas prestaban atención. Las viejas, aunque tenía queponerse varios pares de medias, eran mucho más holgadas y muy cómodaspara caminar. Habían estado caminando desde mucho antes que Tiffanynaciera, y sabían cómo hacerlo. —¿Y vamos a ver algún... hombrecillo hoy? —continuó la Srta. Tick,cuando estaban caminando otra vez. —No lo sé, Srta. Tick —dijo Tiffany—. Les dije hace un mes que me iba.Están muy ocupados en esta época del año. Pero siempre hay uno o dosobservándome. La Srta. Tick miró rápidamente a su alrededor. —No puedo ver nada —dijo—. Ni escuchar nada. —No, así es como puede saber que están ahí —dijo Tiffany—. Siempreestá un poco más silencioso si están observándome. Pero no se mostraránmientras esté conmigo. Tienen un poco de miedo de las arpías... ésa es supalabra para brujas —añadió rápidamente—. No es nada personal. La Srta. Tick suspiró. —Cuando era pequeña me hubiera encantado ver a los pictos —dijo—.Solía ponerles platillos de leche. Por supuesto, mucho después me di cuentade que no era lo que debía hacer. —No, debería haber usado licor fuerte —dijo Tiffany. Echó un vistazo al seto y creyó ver, sólo por un segundo, un destello depelo rojo. Y sonrió, un poco nerviosa.
    • 15. Tiffany había estado, aunque sólo por pocos días, lo más cerca que unser humano podía estar de ser la Reina de las Hadas. Lo cierto es que lahabían llamado una kelda más que una reina, y que solamente podíasdecirle hadas a los Nac Mac Feegle en la cara si estabas buscando una pelea.Por otro lado, los Nac Mac Feegle siempre estaban buscando pelea, de unamanera alegre, y cuando no tenían a nadie contra quien pelear peleabanunos contra otros, y si uno estuviera completamente solo se patearía lapropia nariz sólo para mantenerse en forma. Técnicamente, habían vivido en el País de las Hadas, pero habían sidoexpulsados, probablemente por estar borrachos. Y ahora, porque si algunavez fuiste su kelda nunca lo olvidaban... ... estaban siempre ahí. Siempre había uno en algún sitio en la granja, o dando vueltas sobre unhalcón sobre las lomadas de creta. Y la observaban, para ayudarla yprotegerla, tanto si quería o no. Tiffany había sido tan cortés como le fueposible sobre esto. Había escondido su diario en la parte posterior de uncajón y taponó las rajaduras en el retrete con papel, e hizo lo mejor quepudo con las brechas entre las tablas del piso del dormitorio, también. Eranpequeños hombres, después de todo. Estaba segura de que trataban demantenerse ocultos para no perturbarla, pero ella se había puesto muybuena en descubrirlos. Concedían deseos —no los tres deseos mágicos de un cuento de hadas,los que siempre salen mal al final, sino los corrientes, los de todos los días.Los Nac Mac Feegle eran enormemente fuertes e intrépidos, eincreíblemente rápidos, pero no eran buenos en entender que lo que laspersonas dicen, a menudo no es lo que quieren decir. Un día, en la lechería,Tiffany dijo, ‘Desearía tener un cuchillo más afilado para cortar este queso’,y el cuchillo más afilado de su madre apareció temblando sobre la mesa a sulado casi antes de que hubiera terminado de decirlo. ‘Ojalá que esta lluvia termine’ probablemente estaba bien, porque losFeegle no podían hacer verdadera magia, pero había aprendido a tenercuidado de no pedir algo que pudiera ser alcanzable por algunos
    • 16. hombrecillos resueltos, fuertes, intrépidos y rápidos que tampoco seprivaban de darle una buena pateadura a cualquiera si tenían ganas. Los deseos necesitan reflexión. Nunca sería posible que ella dijera, envoz alta, ‘Deseo casarme con un apuesto príncipe’, pero sabiendo que si lohacía probablemente abriría la puerta para encontrar a un príncipe atontado,a un sacerdote atado y a un Nac Mac Feegle sonriendo alegremente y listopara actuar como padrino de boda, definitivamente te hacía cuidar lo quedeseabas. Pero podían ser útiles, de una manera azarosa, y había empezadoa dejar fuera cosas que la familia no necesitaba pero que podían ser útilespara ellos, como diminutas cucharas de mostaza, alfileres, un tazón de sopaque sería una bonita bañera para un Feegle y, en caso de que noentendieran el mensaje, un poco de jabón. No robaron el jabón. Su última visita al antiguo montículo funerario arriba en la creta, bajo elcual vivían los pictos, fue para asistir a la boda de Roba A Cualquiera, elGran Hombre del clan, con Jeannie del Lago Largo. Iba a ser la nueva kelday pasar la mayor parte del resto de su vida en el montículo, teniendo bebéscomo una abeja reina. Todos los Feegle de otros clanes había aparecido para la celebración,porque si hay algo que a un Feegle le gusta más que una fiesta, es unafiesta más grande, y si hay algo mejor que una fiesta más grande, es unafiesta más grande donde el que paga las bebidas es otra persona. Para sersincera, Tiffany se sintió un poco fuera de lugar, siendo diez veces más altaque la persona más alta allí, pero fue tratada muy bien y Roba A Cualquierahizo un largo discurso sobre ella, llamándola ‘nuestra buena y joven y granarpía pequeñita’ antes de caer de cara en el pudín. Todo fue muy efusivo, yen voz muy alta, pero se unió a los demás en la aclamación cuando Jeanniecargó a Roba A Cualquiera sobre un diminuto palo de escoba colocado sobreel piso. Tradicionalmente, tanto la novia como el novio deben saltar porencima del palo de escoba pero es igualmente tradicional que ningún Feegleque se respete esté sobrio en su día de bodas. Le advirtieron que sería buena idea partir entonces, ya que latradicional pelea entre el clan de la novia y el clan del novio podía durarhasta el viernes.
    • 17. Tiffany inclinó la cabeza ante Jeannie, porque era lo que las arpíashacían, y le echó una buena mirada. Era pequeña y dulce y muy bonita.También tenía cierto brillo en los ojos y un gesto orgulloso en su barbilla.Las muchachas Nac Mac Feegle eran muy raras y crecían sabiendo que algúndía iban a ser keldas, y Tiffany tuvo un claro presentimiento de que Roba ACualquiera encontraría la vida de casado más difícil de lo que pensaba. Iba a sentirse triste por dejarlos atrás, pero no terriblemente. Eranbuenos en cierto modo pero podían crisparle los nervios, después de un rato.De todos modos, ahora tenía once años, y tenía la sensación de que despuésde cierta edad no deberías deslizarte por agujeros para hablar conhombrecillos. Además, la mirada que Jeannie le había lanzado, sólo por un momento,había sido puro veneno. Tiffany había entendido su significado sin intentarlo.Tiffany había sido la kelda del clan, aun si sólo fue por poco tiempo. Habíaestado comprometida para casarse con Roba A Cualquiera, aun si sólo fueuna especie de truco político. Jeannie sabía todo eso. Y la mirada habíadicho: Él es mío. Este lugar es mío. ¡No te quiero aquí! ¡Quédate fuera! Una laguna de silencio seguía a Tiffany y a la Srta. Tick sendero abajo,ya que las cosas corrientes que crujían en los setos tendían a conservarsemuy quietas cuando los Nac Mac Feegle estaban por allí. Llegaron al pequeño prado del pueblo y se sentaron a esperar la carretadel carrero que apenas andaba un poco más rápido que a pie y que lellevaría cinco horas llegar al pueblo de Doscamisas, donde —pensaban lospadres de Tiffany— tomarían el gran coche que cubría todo el camino hastalas montañas distantes y más allá. Tiffany ya podía verlo subir el camino cuando escuchó pisadas depezuñas cruzando el prado. Giró, y su corazón pareció saltar y hundirse almismo tiempo. Era Roland, el hijo del Barón, sobre un fino caballo negro. Desmontóantes de que el caballo se detuviera, y luego se quedó parado con aspectoavergonzado.
    • 18. —Ah, veo un ejemplo muy fino e interesante de una... una... una granpiedra allá —dijo la Srta. Tick con voz dulzona—. Iré a echarle una mirada,¿verdad? Tiffany podía haberla pellizcado por eso. —Er, te vas, entonces —dijo Roland mientras la Srta. Tick se alejabadeprisa. —Sí —dijo Tiffany. Roland parecía que fuera a estallar de nervios. —Tengo esto para ti —dijo—. Lo encargué a un hombre, er, allá en Yelp.—Extendió un paquete envuelto en suave papel. Tiffany lo tomó y lo puso con cuidado en su bolsillo. —Gracias —dijo, y se inclinó brevemente. En rigor es lo que tenías quehacer cuando encontrabas a un noble, pero sólo hizo que Roland seruborizara y tartamudeara. —A-a-ábrelo más tarde —dijo Roland—. Er, espero que te guste. —Gracias —dijo Tiffany dulcemente. —Aquí viene la carreta. Er... no la pierdas. —Gracias —dijo Tiffany y se inclinó otra vez, por el efecto que tenía. Eraun poco cruel, pero a veces tenías que serlo. De todos modos, sería muy difícil perder la carreta. Si corrías rápido,podías adelantarle fácilmente. Era tan lenta que ‘detenerse’ nunca llegabacomo una sorpresa. No había asientos. El carrero pasaba por los pueblos día de por medio,recogiendo paquetes y, a veces, personas. Simplemente encontrabas unlugar donde acomodarte entre las cajas de fruta y los rollos de tela. Tiffany se sentó en la parte de atrás del carro, con las viejas botascolgando sobre el borde, balanceándose de atrás para adelante mientras lacarreta arrancaba dando tumbos sobre el camino desigual. La Srta. Tick se sentó a su lado, su negro vestido pronto cubierto depolvo de creta hasta las rodillas. Tiffany notó que Roland no volvía a montar su caballo hasta que lacarreta estuvo casi fuera de la vista. Y conocía a la Srta. Tick. Ya estaría reventando por hacer una pregunta,
    • 19. porque las brujas odian no saber las cosas. Y, efectivamente, cuando elpueblo fue dejado atrás, la Srta. Tick dijo, después de mucho removerse yaclararse la garganta: —¿No vas a abrirlo? —¿Abrir qué? —dijo Tiffany, sin mirarla. —Te dio un regalo —dijo la Srta. Tick. —Pensé que usted estaba examinando una interesante piedra, Srta.Tick —dijo Tiffany acusadoramente. —Bien, era sólo bastante interesante —dijo la Srta. Tick, con totaldescaro—. Entonces... ¿lo harás? —Esperaré hasta más tarde —dijo Tiffany. No quería una discusiónsobre Roland en este momento o, realmente, en absoluto. No le disgustaba en realidad. Lo había encontrado en el país de la Reinade las Hadas y lo rescató, aunque él estuvo inconsciente la mayor parte deltiempo. Eso le puede hacer a una persona un encuentro repentino con losNac Mac Feegle cuando se sienten nerviosos. Por supuesto, sin que nadiemintiera en realidad, todos en casa llegaron a creer que él la habíarescatado a ella. No era posible que una niña de nueve años armada con unasartén pudiera haber rescatado a un niño de trece años que tenía unaespada. A Tiffany no le había importado. Evitaba que las personas hicierandemasiadas preguntas que no quería responder, o que ni siquiera sabíacómo. Pero él se había acostumbrado a... pasar por allí. Tropezaba con élpor casualidad en sus caminatas más a menudo que lo posible, y siempreparecía estar en los mismos eventos del pueblo a los que iba. Era siemprecortés, pero no podía soportar la manera en que la miraba como un spanielque ha sido pateado. La verdad es que —y necesitaba de algún reconocimiento— era muchomenos tonto que antes. Por otro lado, había bastante tontera para empezar. Y luego pensó, Caballo, y se preguntó por qué hasta que se dio cuentade que sus ojos estaban mirando el paisaje mientras su cerebro miraba elpasado... —Nunca antes he visto eso —dijo la Srta. Tick.
    • 20. Tiffany le dio la bienvenida como a un viejo amigo. La Creta surgía delas llanuras muy repentinamente de este lado de las colinas. Había unpequeño valle cavado en la base de la lomada, y una talla en la curva queformaba. El pasto había sido cortado en largas líneas sueltas de modo que lacreta desnuda hacía la forma de un animal. —Es el Caballo Blanco —dijo Tiffany. —¿Por qué lo llaman así? —dijo la Srta. Tick. Tiffany la miró. —¿Porque la creta es blanca? —sugirió, tratando de no sugerir que laSrta. Tick estuvo un poco lenta. —No, quiero decir ¿por qué lo llaman caballo? No se ve como uncaballo. Son sólo... líneas sueltas... ... que se ven como si se estuvieran moviendo, pensó Tiffany. La gente decía que había sido recortado del pastizal en los viejos días,por los mismos que construyeron los círculos de piedra y enterraron a losreyes en grandes montículos de tierra. Y que recortaron el Caballo en unextremo de este pequeño valle verde, diez veces más grande que un caballoreal y, si no lo mirabas con la mente correcta, con la forma equivocadatambién. Sin embargo debían saber de caballos, tener caballos, verlos todoslos días, y no eran personas estúpidas sólo porque vivieron hace muchotiempo. Una vez, Tiffany le preguntó a su padre sobre el aspecto del Caballo,cuando pasaban por aquí hacia una exposición de ovejas, y le dijo lo queYaya Doliente le había dicho, también, cuando era un niño. Repitió lo que ledijo, literalmente, y Tiffany hizo lo mismo ahora. —Así no es como un caballo se ve —dijo Tiffany—. Es lo que un caballoes. —Oh —dijo la Srta. Tick. Pero porque era profesora tanto como bruja, yprobablemente no pudo evitarlo, añadió—: lo gracioso es que, por supuesto,oficialmente no hay nada como un caballo blanco. Son llamados grises. 33 Tuvo que decirlo porque era una bruja y una profesora y eso es una terrible combinación. Quieren que las cosasestén bien. Les gustan que las cosas sean correctas. Si quieres desquiciar a una bruja no tienes que molestarte conencanto y hechizos; sólo tienes que ponerla en una habitación con una figura que cuelga ligeramente torcida y
    • 21. —Sí, lo sé —dijo Tiffany—. Éste es blanco —añadió, rotundamente. Eso calmó a la Srta. Tick, durante un rato, pero parecía tener algo enmente. —Supongo que estás disgustada por dejar la Creta, ¿verdad? —dijomientras la carreta continuaba traqueteando. —No —dijo Tiffany. —Está bien si es así —dijo la Srta. Tick. —Gracias, pero realmente no lo estoy —dijo Tiffany. —Si quieres llorar un poco, no tienes que fingir que tienes una basuraen el ojo o algo así... —Estoy bien, en realidad —dijo Tiffany—. Sinceramente. —Mira, si reprimes ese tipo de cosas te puede causar un daño terriblemás tarde. —No estoy reprimiéndome, Srta. Tick. —A decir verdad, Tiffany estabaun poco sorprendida por no llorar, pero no se lo iba a decir a la Srta. Tick.Dejó una especie de espacio en su cabeza para poner lágrimas dentro, perono se estaba llenando. Quizás fuera porque había envuelto todos esossentimientos y dudas y los dejó en la colina junto a la cocina panzuda. —Y si por supuesto te sintieras un poco abatida en este momento, estoysegura de que podría abrir el regalo que... —intentó la Srta. Tick. —Cuénteme sobre la Srta. Level —dijo Tiffany rápidamente. El nombrey dirección era todo lo que sabía sobre la dama con la que iba a quedarse,pero una dirección como ‘Srta. Level, Cabaña en el Bosque cerca del roblemuerto en Camino del Hombre Muerto, Alta Saliente, Si Estoy Fuera DejeLas Cartas En La Vieja Bota Junto A La Puerta’ sonaba prometedora. —La Srta. Level, sí —dijo la Srta. Tick, derrotada—. Er, sí. No es muy,muy vieja pero dice que se sentirá feliz de tener un tercer par de manos enel sitio. No podías evitar que Tiffany notara las palabras, ni siquiera si eras laSrta. Tick. —¿Así que allí ya hay otra persona? —dijo.observar mientras se retuerce. (Nota del autor)
    • 22. —Er... no. No exactamente —dijo la Srta. Tick. —¿Entonces tiene cuatro brazos? —dijo Tiffany. La Srta. Tick habíasonado como alguien que trata de evitar un tema. La Srta. Tick suspiró. Era difícil hablar con alguien que prestabaatención todo el tiempo. Te desanima. —Es mejor si esperas hasta que la conozcas —dijo—. Cualquier cosaque te diga sólo te dará una idea equivocada. Estoy segura de que tellevarás bien con ella. Es muy buena con las personas, y en su tiempo librees una bruja de investigación. Tiene abejas... y cabras, cuya leche, creo, esmuy buena efectivamente por sus grasas homogeneizadas. —¿Qué hace una bruja de investigación? —preguntó Tiffany. —Oh, es un oficio muy antiguo. Trata de encontrar nuevos hechizosaprendiendo cómo fueron hechos realmente los viejos. ¿Conoces todo eso de‘oreja de murciélago y dedo de rana’? Nunca resulta, pero la Srta. Levelpiensa que es porque no sabemos exactamente qué clase de rana, o quédedo... —Lo siento, pero no voy a ayudar a nadie a cortar inocentes ranas ymurciélagos —dijo Tiffany con firmeza. —¡Oh, no, nunca mata ninguno! —dijo la Srta. Tick apresuradamente—.Sólo usa criaturas que han muerto naturalmente o fueron atropelladas o sesuicidaron. Las ranas pueden deprimirse totalmente a veces. La carreta continuó, sobre el blanco camino polvoriento, hasta que seperdió de vista. Nada ocurrió. Unas alondras cantaban, tan altas que eran invisibles.Unas semillas de hierba llenaban el aire. Las ovejas balaban, arriba en laCreta. Y entonces algo llegó a lo largo del camino. Se movía como un pequeñoy lento remolino, que sólo podía ser visto por el polvo que agitaba. Mientraspasaba, se escuchó un ruido como de un enjambre de moscas. Entonces, también desapareció colina abajo... Después de un rato una voz, muy abajo del alto pastizal, dijo:
    • 23. —¡Ach, crivens! ¡Y está sobre su rastro, ahora mismo! Una segunda voz dijo: —¿Seguramente la arpía vieja la descubrirá? —¿Qué? ¿La arpía que enseña? ¡No es una arpía correcta! —Tiene el sombrero puntiagudo bajo todas esas flores, Gran Yan —dijola segunda voz, con un poco de reproche—. Lo vi. ¡Presiona un resortepequeñito y salta la punta! —Oh, sí, Hamish, y me atrevo a decir que hace lectura y escriturabastante bien, pero no conoce sobre las cosas que no están en los libros. Yno voy a mostrarme mientras esté por allí. ¡Es esa clase de persona queescribiría cosas sobre un hombre! ¡Vámonos, busquemos a la kelda! Los Nac Mac Feegle de la Creta odiaban la escritura por toda clase derazones, pero la más grande era: los escritos permanecen. Sujetan laspalabras. Un hombre puede hablar claro y un pequeñito tipo desagradable ymolesto lo escribirá y ¿quién sabe qué hará con esas palabras? ¡Podríastambién clavar la sombra de un hombre a la pared! Pero ahora tenían una nueva kelda, y una nueva kelda trae nuevasideas. Así es como se supone que funciona. Evitaba que un clan se pusierademasiado reacio a los cambios. La kelda Jeannie era del clan de LagoLargo, en las montañas... y ellos escribían cosas.[2] No veía por qué su marido no debía hacerlo, entonces. Y Roba ACualquiera estaba descubriendo que Jeannie era definitivamente una kelda. El sudor goteaba de su frente. Una vez había luchado contra un lobocompletamente solo, y lo haría otra vez, alegremente, con los ojos cerradosy una mano atada a la espalda antes de hacer lo que estaba haciendo ahora. Dominaba las primeras dos reglas de la escritura, como las entendía. 1) robar un poco de papel. 2) robar un lápiz. Desafortunadamente había más que eso. Ahora sostenía el cabo de lápiz enfrente de él con ambas manos, y seinclinaba hacia atrás mientras dos de sus hermanos lo empujaban hacia el
    • 24. trozo de papel clavado en la pared de la cámara (era una vieja factura decampanas de oveja, robada de la granja). El resto del clan observaba, conhorror fascinado, desde las galerías alrededor de las paredes. —Tal vez podría facilitar mi acercamiento suavemente —protestómientras sus talones dejaban pequeños surcos en el piso de tierracompactada del montículo—. Tal vez sólo podría hacer unas de las comillas oun punto y aparte... —Eres el Gran Hombre, Roba A Cualquiera, de modo que correspondeque seas el primero en escribir —dijo Jeannie—. No puedo tener un maridoque ni siquiera puede escribir su nombre. Te mostré las letras, ¿verdad? —Sí, mujer, ¡esas desagradables, rizadas y torcidas cosas! —gruñóRoba—. No confío en esa Q, ésa es una letra que se las toma con unhombre. ¡Es una letra con un aguijón, ésa! —Sólo sujeta el lápiz sobre el papel y te diré qué marcas hacer —dijoJeannie, cruzando los brazos. —Sí, pero es un bushel 4 de problemas, la escritura —dijo Roba—. ¡Unapalabra escrita puede colgar a un hombre! —¡Bueno, ahora, termina con eso! ¡Es fácil! —interrumpió Jeannie—.¡Los niños de los grandotes pueden hacerlo, y tú eres un Feegle biencrecido! —Y la escritura incluso continúa diciendo las palabras de un hombredespués de que está muerto —dijo Roba A Cualquiera, agitando el lápizcomo si tratara de alejar espíritus malignos—. ¡No puedes decirme que esoes correcto! —Oh, de modo que tienes miedo de las letras, ¿es eso? —dijo Jeannie,astutamente—. Ach, eso está bien. Todos los hombres grandes temen algo.Sácale el lápiz, Wullie. No puedes pedirle a un hombre que enfrente susmiedos. Se hizo silencio en el montículo mientras Wullie Tonto tomabanerviosamente el cabo de lápiz de su hermano. Todos los brillantes ojosestaban fijos en Roba A Cualquiera. Sus manos se abrían y se cerraban.4 Medida de áridos (Brit.= 36,37 litros - USA = 35,24 litros) (Nota del traductor)
    • 25. Empezó a respirar pesadamente, todavía mirando el papel en blanco.Adelantó la barbilla. —¡Ach, eres una mujer difffícil, Jeannie Mac Feegle! —dijo por fin. Seescupió las manos y le arrebató a Wullie Tonto el cabo de lápiz—. ¡Dame esaherramienta de perdición! ¡Esas letras no sabrán qué las golpeó! —¡Ése es mi muchacho valiente! —dijo Jeannie mientras Roba seescuadraba delante del papel—. Correcto, entonces. La primera letra es unaR. Es la que se ve como un hombre gordo que camina, ¿recuerdas? Los pictos reunidos observaron mientras Roba A Cualquiera, gruñendoferozmente y con la lengua colgando por el extremo de su boca, arrastrabael lápiz a través de las curvas y las líneas de las letras. Miraba a la kelda conexpectación después de cada una. —Eso es todo —dijo, por fin—. ¡Un buen esfuerzo! Roba A Cualquiera retrocedió y miró el papel críticamente. —¿Eso es todo? —dijo. —Sí —dijo Jeannie—. ¡Has escrito tu propio nombre, Roba A Cualquiera! Roba miró las letras otra vez. —¿Voy a ir a prisión ahora? —dijo. Se escuchó una educada tos junto a Jeannie. Pertenecía al Sapo. Notenía ningún otro nombre, porque los sapos no son partidarios de losnombres. A pesar de que las personas podrían ser llevadas a pensar demanera diferente por fuerzas siniestras, nunca ningún sapo ha sido llamadoTommy el Sapo, por ejemplo. Es algo que simplemente no ocurre.[3] Este sapo fue una vez un abogado (un abogado humano; los sapos selas arreglan sin ellos) convertido en un sapo por un hada madrina queintentó convertirlo en una rana pero que estaba un poco confundida sobre ladiferencia. Ahora vivía en el montículo de los Feegle, donde comía gusanos ylos ayudaba con los pensamientos difíciles. —Le he dicho, Sr. Cualquiera, que simplemente tener su nombre escritono es ningún problema en absoluto —dijo—. No hay nada ilegal en laspalabras ‘Roba A Cualquiera’. ¡A menos, por supuesto —y el sapo lanzó unapequeña risa legal—, que signifique una instrucción! Ninguno de los Feegle se rió. Les gustaba el humor un poco, bien, más
    • 26. gracioso. Roba A Cualquiera miró su muy temblorosa escritura. —Ése es mi nombre, ¿sí? —Indudablemente lo es, Sr. Cualquiera. —Y nada malo ha sucedido en absoluto —notó Roba. Se acercó—.¿Cómo puede decir que es mi nombre? —Ah, ése será el lado lector de la cosa —dijo Jeannie. —¿Eso es donde las cosas de letras suenan en tu cabeza? —dijo Roba. —Ése es el punto —dijo el sapo—. Pero pensamos que le gustaríaempezar con el aspecto más físico del procedimiento. —¿No podría tal vez sólo aprender la escritura y dejar la lectura a otrapersona? —preguntó Roba, sin mucha esperanza. —No, mi hombre tiene que hacer ambas cosas —dijo Jeannie, cruzandolos brazos. Cuando una mujer Feegle lo hace, no queda esperanza. —Ach, es una cosa terrible para un hombre cuando su mujer se une encontra de él con un sapo —dijo Roba, sacudiendo la cabeza. Pero, cuandogiró para mirar el sucio papel, había un rastro de orgullo en su cara—. Sinembargo, ése es mi nombre, ¿correcto? —dijo, sonriendo. Jeannie asintió. —Sólo allí, todo solo y no sobre un cartel de Buscado o algo. Minombre, escrito por mí. —Sí, Roba —dijo la kelda. —Mi nombre, dominado por mí. ¿Ningún maldito puede hacer nada conél? ¿Tengo mi nombre, bien y seguro? Jeannie miró al sapo, que se encogió de hombros. Aquellos que losconocían generalmente sostenían que la mayor parte del cerebro de losclanes Nac Mac Feegle terminaba en las mujeres. —Un hombre es un hombre de cierta posición cuando tiene su propionombre donde nadie puede tocarlo —dijo Roba A Cualquiera—. Eso es magiaseria, eso es... —La R está dada vuelta y olvidaste una A y la U de ‘Cualquiera’ —dijoJeannie, porque es trabajo de una esposa evitar que su marido estalle deorgullo.
    • 27. —Ach, mujer, no sabía hacia dónde caminaba el hombre gordo —dijoRoba, agitando una mano alegremente—. No puedes confiar en el hombregordo. Ésa es la clase de cosas que nosotros los escritores naturalessabemos. Un día podría caminar hacia aquí, al día siguiente podría caminarhacia allá. Sonrió radiante ante su nombre: —Y creo que lo ha hecho mal con la ‘E’ —continuó—. Creo que deberíaser N E Bo D. O sea En... i... bo... di, ¿lo ve? 5 ¡Eso tiene sentido! Se metió el lápiz en el pelo, y le lanzó a ella una mirada desafiante. Jeannie suspiró. Había crecido con setecientos hermanos y sabía cómopensaban, que era a menudo muy rápido aunque en la dirección totalmenteequivocada. Y si no podían doblar sus pensamientos alrededor del mundo,doblaban al mundo alrededor de sus pensamientos. Su madre le habíadicho: Generalmente es mejor no discutir. En realidad, sólo media docena de Feegle en el clan de Lago Largosabían leer y escribir muy bien. Los consideraban pasatiempos raros,extraños. Después de todo, cuando salías de la cama por la mañana, ¿paraqué servían? No necesitabas saberlos para luchar contra una trucha o cazarun conejo o emborracharte. El viento no podía ser leído y no podías escribirsobre el agua. Pero las cosas escritas duraban. Eran las voces de los Feegle muertosmucho tiempo atrás, que habían visto cosas extrañas, que habían hechodescubrimientos extraños. Que lo aprobaras dependía de qué tanescalofriante pensabas que era. El clan de Lago Largo aprobaba. Jeanniequería lo mejor para su nuevo clan también. No era fácil, siendo una kelda joven. Venías a un nuevo clan, con sólounos pocos hermanos como guardaespaldas, donde te casabas y terminabascon cientos de cuñados. Podía ser preocupante si dejabas que tu mente lopensara demasiado. Por lo menos allá, en la isla del Lago Largo tenía a sumadre con quien hablar, pero una kelda nunca se iba a casa otra vez.5 Se refiere al nombre en inglés: Anybody, que se pronuncia enibodi. (Nota del traductor)
    • 28. A excepción de sus hermanos guardaespaldas, una kelda estabacompletamente sola. Jeannie se sentía nostálgica y sola y temerosa del futuro; por esoestaba a punto de hacer mal las cosas... —¡Roba! Hamish y Gran Yan llegaron a través del falso agujero de conejo queera la entrada del montículo. Roba A Cualquiera los miró. —Estábamos ocupados en un asunto literario —dijo. —Sí, Roba, pero observamos a la joven gran arpía pequeñita irse asalvo, como dijiste, ¡pero hay un enjambre tras de ella! —casi gritó Hamish. —¿Estás seguro? —dijo Roba, dejando caer su lápiz—. ¡Nunca escuchéde uno de ellos en este mundo! —Oh, sí —dijo Gran Yan—. ¡Su zumbido me hizo doler los dientes! —¿De modo que se lo dijiste, tú tonto? —dijo Roba. —Hay otra arpía con ella, Roba —dijo Gran Yan—. La arpía profesora. —¿La Srta. Tick? —preguntó el sapo. —Sí, ésa con una cara como un patio de yogurt —dijo Gran Yan—. Ydijiste que no teníamos que mostrarnos, Roba. —Sí, bien, esto es diferente... —empezó Roba A Cualquiera, pero paró. No había sido marido por mucho tiempo, pero en el matrimonio loshombres adquieren un montón de sentidos adicionales clavados en elcerebro, y uno estaba ahí para decirle que de repente estaba metido en unreal problema hasta el cuello. Jeannie golpeteaba el pie contra el piso. Todavía tenía los brazoscruzados. Tenía la sonrisa especial que también las mujeres aprendencuando se casan, que parece decir ‘Sí, estás metido en grandes problemas,pero voy a dejar que te entierres aun más profundamente’. —¿Qué es esto sobre la gran arpía pequeñita? —dijo, la voz tanpequeña y sumisa como la de un ratón entrenado en la Universidad deRoedores Asesinos. —Oh, ah, ach, bien, sí... —empezó Roba, la cara larga—. ¿No larecuerdas, querida? Estaba en nuestra boda, sí. Fue nuestra kelda por uno o
    • 29. dos días, ya sabes. La Antigua le hizo jurar justo antes de irse al País de losVivos —añadió, en caso de que mencionar los deseos de la última keldapudiera desviar la tormenta que se avecinaba—. Tenemos que mantenerlavigilada, ya sabes, siendo nuestra arpía y a... La voz de Roba a Cualquiera se fue apagando ante la mirada deJeannie. —Una verdadera kelda tiene que casarse con el Gran Hombre —dijoJeannie—. Como yo me casé contigo, Roba A Cualquiera Feegle, ¿y no soyuna buena esposa para ti? —Oh, muy buena, muy buena —farfulló Roba—. Pero... —Y no puedes estar casado con dos esposas, porque eso sería bigamia,¿verdad? —dijo Jeannie, la voz peligrosamente dulce. —Ach, no fue así de grande —dijo Roba A Cualquiera, buscandodesesperadamente un escape—. Y fue sólo temporal, y era sólo una chica, yera buena pensando... —Soy buena pensando, Roba A Cualquiera, y soy la kelda de este clan,¿verdad? Sólo puede haber una, ¿no es cierto?[4] Y estoy pensando que nohabrá más persecución detrás de esta gran chica pequeñita. Avergüénzate,de todos modos. No querrá tener a la gente de Gran Yan observándola todoel tiempo, estoy segura. Roba A Cualquiera bajó la cabeza. —Sí... pero... —dijo. —¿Pero qué? —Un enjambre está persiguiendo a la pobre chica pequeñita. Hubo una larga pausa antes de que Jeannie dijera: —¿Estás seguro? —Sí, Kelda —dijo Gran Yan—. Una vez que escuchas ese zumbido nuncalo olvidas. Jeannie se mordió su labio. Entonces, con un aspecto un poco pálido,dijo: —¿Dijiste que tiene madera de arpía fuerte, Roba? —¡Sí, pero nadie en la historia sobrevivió a un enjambre! No puedesmatarlo, no puedes detenerlo, no puedes...
    • 30. —¿Pero acaso no me contaste que la gran muchacha pequeñita inclusoluchó contra la Reina y ganó? —dijo Jeannie—. La abatió con una sartén,dijiste. Eso quiere decir que es buena, ¿verdad? Si es una verdadera arpía,encontrará una manera por sí sola. Todos nosotros tenemos que enfrentarnuestro destino. Sin importar lo que haya afuera, tendrá que enfrentarlo. Sino puede, no es una verdadera arpía. —Sí, pero una enjambre es peor que... —empezó Roba. —Ella está yendo a aprender de otras arpías —dijo Jeannie—. Y yo deboaprender a ser una kelda completamente sola. Debes esperar que aprendatan rápido como yo, Roba A Cualquiera.
    • 31. CAPÍTULO 2 Doscamisas y dos narices Doscamisas era sólo una curva en el camino, con un nombre. No habíanada ahí excepto una posada para los coches, una herrería, y una pequeñatienda con la palabra SOUVENIRS escrita con optimismo sobre unos restosde cartón en la vidriera. Y eso era todo. Alrededor del lugar, separadas porcampos y restos de bosque, estaban las casas de las personas para las queDoscamisas era, presumiblemente, la gran ciudad. Cada mundo está llenode lugares como Doscamisas. Son lugares de donde vienen las personas, noa donde van. Reposaba y se cocinaba silenciosamente a la luz de la tarde calurosa.Justo en el centro del camino un viejo spaniel marrón con manchas blancas,dormitaba en el polvo. Doscamisas era más grande que el pueblo donde vivía Tiffany y nuncaantes había visto nada como un souvenir. Entró en la tienda y gastó mediopenique en una pequeña talla en madera de dos camisas sobre untendedero, y dos postales tituladas ‘Vistas de Doscamisas’ que mostraban latienda de recuerdos y lo que era muy probablemente el mismo perro quedormía en el camino. La pequeña anciana detrás del mostrador la llamó‘joven dama’ y dijo que Doscamisas era muy popular más adelante en elaño, cuando las personas venían desde hasta una milla alrededor para elFestival de Maceración de Coles. Cuando Tiffany salió encontró a la Srta. Tick parada cerca del perrodormido, frunciendo el ceño hacia el camino por donde habían llegado. —¿Ocurre algo? —dijo Tiffany. —¿Qué? —dijo la Srta. Tick, como si hubiera olvidado que Tiffanyexistía—. Oh... no. Sólo... pensaba que... mira, ¿vamos a buscar algo paracomer? Les llevó un rato encontrar a alguien en la posada, pero la Srta. Tick semetió en la cocina y encontró a una mujer que les prometió unos bollos yuna taza de té. Estaba en realidad muy sorprendida de haberlo prometido,
    • 32. ya que no pensaba hacerlo siendo en rigor su tarde libre hasta que llegara elcoche, pero la Srta. Tick tenía una manera de hacer las preguntas queobtenía las respuestas que quería. La Srta. Tick también pidió un huevo fresco, crudo, con cáscara. Lasbrujas eran también buenas para hacer preguntas que no eran seguidas porun ‘¿por qué?’ de la otra persona. Se sentaron y comieron al sol, sobre el banco fuera de la posada.Entonces Tiffany sacó su diario. Tenía uno en la lechería también, pero ése era para los registros dequeso y mantequilla. Éste era personal. Lo había comprado a un vendedorambulante, barato porque era del año anterior. Pero, como dijo, tenía lamisma cantidad de días. También tenía una cerradura, una pequeña de cosa de latón sobre unasolapa de cuero. Tenía su propia llave diminuta. Lo que atrajo a Tiffany fuela cerradura. A cierta edad, le encuentras sentido a las cerraduras. Escribió ‘Doscamisas’, y pasó un rato pensando antes de añadir ‘unacurva en el camino’. La Srta. Tick seguía mirando el camino. —¿Sucede algo malo, Srta. Tick? —preguntó Tiffany otra vez,levantando la vista. —No estoy... segura. ¿Alguien está mirándonos? Tiffany miró a su alrededor. Doscamisas dormía al calor. No había nadieobservando. —No, Srta. Tick —La profesora se quitó el sombrero y sacó de adentroun par de trozos de madera y un carrete de hilo negro. Se arremangó,mirando a su alrededor rápidamente en caso de que a Doscamisas le hubierabrotado una población, entonces cortó un trozo de hilo y recogió el huevo. Huevo, hilo y dedos se pusieron borrosos por unos segundos y allíestaba el huevo, colgando de los dedos de la Srta. Tick en una pequeña rednegra y ordenada. Tiffany estaba impresionada. Pero la Srta. Tick no había terminado. Empezó a sacar cosas de losbolsillos, y generalmente una bruja tiene muchos bolsillos. Había algunas
    • 33. cuentas, un par de plumas, una lente de vidrio y una o dos tiras de papel decolor. Todas se enhebraron en el enredo de madera y algodón. —¿Qué es eso? —dijo Tiffany. —Es un amaño[5] —dijo la Srta. Tick, concentrándose. —¿Es mágico? —No exactamente. Es engañoso. La Srta. Tick levantó la mano izquierda. Plumas y cuentas y huevo ytodos los cachivaches del bolsillo giraron en la red de hilo. —Hum —dijo—. Ahora déjame ver lo que puedo ver... Metió los dedos de su mano derecha en la telaraña de hilos y tiró... Huevo y vidrio y cuentas y plumas bailaron a través del enredo, yTiffany estaba segura de que en un momento un hilo había pasado a travésde otro. —Oh —dijo—. ¡Es como la Cuna del Gato! —Has jugado a eso, ¿verdad? —dijo la Srta. Tick vagamente, todavíaconcentrándose. —Puedo hacer todas las formas comunes —dijo Tiffany—. Las Joyas y laCuna y la Casa y el Rebaño y Las Tres Ancianas, Uno Con Bizquera,Trayendo El Balde De Peces Al Mercado Cuando Encuentran Al Burro...aunque necesitas a dos personas para ése, y sólo la hice una vez, y BetsyTupper se rascó la nariz en mal momento y tuve que buscar unas tijeraspara soltarla... Los dedos de la Srta. Tick trabajaban como un telar. —Es gracioso que sea un juego de niños ahora —dijo—. Aha... —Miró lacomplicada red que había creado. —¿Puede ver algo? —dijo Tiffany. —Si me permites concentrarme, niña. Gracias... Más allá en el camino el perro dormido despertó, bostezó y se puso depie. Deambuló hacia el banco donde ellas estaban sentadas, lanzó a Tiffanyuna mirada llena de reproche y luego se hizo un ovillo junto a sus pies. Olíaa viejas alfombras húmedas. —Hay... algo... —dijo a la Srta. Tick, muy suavemente. El pánico se apoderó de Tiffany.
    • 34. La luz del sol se reflejaba en el polvo blanco del camino y el muro depiedra enfrente. Unas abejas zumbaban entre las pequeñas flores amarillasque crecían en la cima de la pared. A los pies de Tiffany, el spaniel bufaba yse tiraba pedos ocasionalmente. Pero todo estaba mal. Podía sentir la presión sobre ella, empujándole,empujando el paisaje, estrujándolo bajo la brillante luz del día. La Srta. Ticky su cuna de hilos estaban inmóviles a su lado, congelados en ese momentode brillante horror. Solamente los hilos se movían, por sí solos. El huevo bailaba, el vidriodestellaba, las cuentas se deslizaban y saltaban de hilo en hilo. El huevo estalló. El coche apareció. Llegó arrastrando el mundo tras de él, en una nube de polvo y ruido ypezuñas. Ocultó el sol. Unas puertas se abrían. Los arneses tintineaban. Loscaballos echaban vapor. El spaniel se incorporó y movió la colaesperanzadamente. La presión se fue... no, huyó. Junto a Tiffany, la Srta. Tick sacó un pañuelo y empezó a quitarsehuevo de su vestido. El resto del amaño había desaparecido en un bolsillocon velocidad extraordinaria. Sonrió a Tiffany; mantuvo la sonrisa mientras hablaba y se veíaligeramente loca. —No te levantes, no hagas nada, sólo quédate tan silenciosa como unpequeño ratón —dijo. Tiffany no se sentía en estado para hacer otra cosa que no moverse; sesentía como uno se siente al despertar después de una pesadilla. Los pasajeros más ricos bajaron del coche, y los más pobres del techo.Gruñendo y golpeteando sus pies, arrastrando polvo del camino detrás deellos, desaparecieron. —Ahora —dijo la Srta. Tick—, cuando la puerta de la posada se hayacerrado, nosotras... nos vamos a... pasear. ¿Ves ese pequeño bosque alláarriba? Hacia allá nos dirigiremos. Y cuando el Sr. Crabber el carrero vea atu padre mañana dirá que él... te dejó aquí justo antes de que llegara el
    • 35. coche y... y... y todos serán felices y nadie habrá mentido. Eso esimportante. —¿Srta. Tick? —dijo Tiffany, recogiendo la maleta. —¿Sí? —¿Qué acaba de ocurrir? —No lo sé —dijo la bruja—. ¿Te sientes bien? —Er... sí. Tiene algo de yema en su sombrero. —Y usted está muynerviosa, pensó Tiffany. Ésa era la parte más preocupante—. Lamento lo desu vestido —añadió. —Ha visto momentos peores —dijo la Srta. Tick—. Vámonos. —¿Srta. Tick? —dijo Tiffany otra vez mientras se alejaban. —Er, ¿sí? —Está muy nerviosa —dijo Tiffany—. Si me dijera por qué, significaríaque hay dos de nosotras, que es sólo la mitad del nerviosismo para cadauna. La Srta. Tick suspiró. —Probablemente no era nada —dijo. —¡Srta. Tick, el huevo estalló! —Sí. Hum. Un amaño, mira, puede ser usado como un simple detectory amplificador mágico. Es en realidad muy tosco, pero siempre es útil haceruno en tiempos de angustia y confusión. Pienso que... probablemente no lohice bien. Y a veces recibes grandes descargas de magia aleatoria. —Lo hizo porque estaba preocupada —dijo Tiffany. —¿Preocupada? Ciertamente no. ¡Nunca estoy preocupada! —respondióla Srta. Tick—. Sin embargo, ya que planteas el tema, estaba afectada. Algome estaba inquietando. Algo cerca, creo. Probablemente no era nada. Adecir verdad me siento mucho mejor ahora que nos vamos. Pero no lo parece, pensó Tiffany. Y yo estaba equivocada. Dos personassignifican tanto nerviosismo como el doble para cada una. Pero estaba segura de que no había nada mágico en Doscamisas. Erasólo una curva en el camino. * * *
    • 36. Veinte minutos después los pasajeros salieron para subir al coche. Elcochero notó que los caballos estaban sudando, y se preguntó por quéescuchaba un enjambre de moscas cuando no había ninguna mosca a lavista. El perro que estaba tendido en el camino fue descubierto despuésescondido en el establo de la posada, gimiendo. El bosque estaba aproximadamente a media hora de caminata; la Srta.Tick y Tiffany se turnaban para llevar la maleta. No era nada especial, paraser bosque, principalmente de hayas adultas, aunque una vez que sabes queese árbol gotea un veneno desagradable en el suelo por debajo paramantenerlo limpio, no es exactamente la madera que pensabas que era. Se sentaron sobre un tronco y esperaron la puesta de sol. La Srta. Tickle contó a Tiffany sobre los amaños. —¿No son mágicos entonces? —dijo Tiffany. —No. Son algo mediante los cuales haces magia. —¿Quiere decir como las gafas que ayudan a ver pero que no ven poruna? —¡Correcto, bien dicho! ¿Es mágico un telescopio? Ciertamente no. Essólo vidrio en un tubo, pero con uno podría contar dragones sobre la luna.Y... bien, ¿alguna vez has usado un arco? No, probablemente no. Pero unamaño puede actuar como un arco, también. Un arco acumula poder delmúsculo mientras el arquero lo tensa, y envía una pesada flecha mucho máslejos que lo que podría el arquero en realidad. Puedes hacer uno decualquier cosa, siempre que... se vea correcto. —¿Y entonces puede saber si está ocurriendo la magia? —Sí, si eso es lo que estás buscando. Cuando eres buena con él puedesusarlo para ayudarte a hacer magia, para realmente concentrarte en lo quetienes que hacer. Puedes usarlo para protección, como una red contramaldiciones, o para enviar un hechizo o... bien, es como esas navajascostosas, ¿sabes? ¿Ésas con la sierra diminuta y las tijeras y elmondadientes? Excepto que no creo que ninguna bruja alguna vez haya
    • 37. usado un amaño como un mondadientes, jaja. Todas las brujas jóvenesdeberían aprender cómo hacer un amaño. La Srta. Level te ayudará. Tiffany miró el bosque a su alrededor. Las sombras se estaban haciendomás largas, pero no le preocupaban. Trocitos de las enseñanzas de la Srta.Tick flotaban a través de su cabeza: Siempre enfrenta tus miedos. Ten sólo dinero suficiente, nuncademasiado, y un poco de cordel. Incluso si no es tu culpa es turesponsabilidad. Las brujas se enfrentan a las cosas. Nunca te pares entredos espejos. Nunca te rías a carcajadas. Haz lo que debes hacer. Nuncamientas, pero no siempre tienes que ser honesta. Nunca desees.Especialmente no le pidas a una estrella, que es astronómicamente estúpida.Abre tus ojos, y luego abre tus ojos otra vez. —La Srta. Level tiene un largo pelo gris, ¿verdad? —dijo. —Oh, sí. —Y es una dama bastante alta, apenas un poco gorda, y lleva unmontón de collares —continuó Tiffany—. Y gafas sobre una cadena. Y botascon sorprendentes tacos altos. La Srta. Tick no era tonta. Miró alrededor del claro. —¿Dónde está? —dijo. —Parada junto a ese árbol ahí —dijo Tiffany. Aún así, la Srta. Tick tuvo que fijar la vista. Lo que Tiffany había notadoera que las brujas llenaban espacio. De una manera que era casi imposibledescribir, parecían ser más reales que los demás a su alrededor. Semostraban más. Pero si no querían ser vistas, se ponían asombrosamentedifíciles de notar. No se escondían, no se desvanecían como por arte demagia aunque podía parecerlo, pero si tuvieras que describir la habitacióndespués jurarías que no había una bruja adentro. Sólo parecían perderse. —Ah sí, bien hecho —dijo la Srta. Tick—. Me estaba preguntandocuándo la notarías. ¡Ja!, pensó Tiffany. La Srta. Level se puso más real mientras caminaba hacia ellas. Vestíatoda de negro, pero resonaba ligeramente mientras caminaba por todas lasjoyas negras que llevaba, y también tenía gafas, que a Tiffany le parecía
    • 38. raro para una bruja. La Srta. Level le recordaba a Tiffany una feliz gallina. Ytenía dos brazos, la cantidad normal. —Ah, Srta. Tick —dijo—. Y tú debes ser Tiffany Doliente. Tiffany sabía lo suficientemente para hacer una inclinación de cabeza;las brujas no hacen reverencias (a menos que quieran avergonzar a Roland). —Me gustaría tener una palabra con la Srta. Level, Tiffany, si no temolesta —dijo la Srta. Tick, con entonación—. Asuntos de brujas mayores. ¡Ja!, pensó Tiffany otra vez, porque le gustaba el sonido. —Sólo iré y le echaré una mirada a un árbol entonces, ¿quiere? —dijocon lo que ella esperaba fuera un fulminante sarcasmo. —Usaría los arbustos si fuera tú, querida —gritó la Srta. Level—. No megusta parar una vez que estamos en el aire. Había algunos arbustos de acebos que formaban una decente pantalla,pero después de que le hablaran como si tuviera diez años Tiffany hubierapermitido que su vejiga estallara. ¡Derroté a la Reina de las Hadas!, pensó mientras paseaba por elbosque. Muy bien, no estoy segura cómo, porque ahora es todo como unsueño, ¡pero lo hice! Estaba furiosa por ser alejada de ese modo. Un poco de respeto noharía daño, ¿verdad? Es lo que la vieja bruja Señorita Ceravieja había dicho,¿verdad? ‘Le muestro respeto, mientras usted por su parte me respeta’. LaSeñorita Ceravieja, la bruja que todas las otras brujas secretamente queríanser, le había mostrado respeto, de modo que pensaba que las otras podíanhacer un poco de esfuerzo en ese sentido. —Mírame... —dijo ... y caminó afuera de sí y se alejó hacia la Srta. Tick y la Srta. Level,en su invisible cuerpo fantasma. No se atrevió a bajar la vista, en caso deque sus pies no estuvieran ahí. Cuando giró y miró atrás, vio su cuerposólido parado recatadamente junto a los acebos, demasiado lejos para estarescuchando la conversación de nadie. Mientras Tiffany se acercabafurtivamente escuchó a la Srta. Tick decir: —... pero aterradoramente precoz. —Oh cielos. Nunca me he llevado muy bien con las personas
    • 39. inteligentes —dijo la Srta. Level. —Oh, es una buena niña en el fondo —dijo la Srta. Tick, que molestó aTiffany algo más que lo que ‘aterradoramente precoz’. —Por supuesto, conoces mi situación —dijo la Srta. Level mientras lainvisible Tiffany se acercaba lentamente. —Sí, Srta. Level, pero su trabajo le hace gran honor. Es por eso que laSeñorita Ceravieja la sugirió. —Pero me temo que me estoy poniendo un poco distraída —dijo la Srta.Level preocupada—. Fue terrible volar hasta aquí, porque como gran tontadejé mis gafas de larga distancia sobre mi otra nariz... ¿Su otra nariz?, pensó Tiffany. Ambas brujas se congelaron, exactamente al mismo tiempo. —¡Estoy sin un huevo! —dijo la Srta. Tick. —¡Tengo un escarabajo en una caja de fósforos para cualquieremergencia! —chilló la Srta. Level. Sus manos volaron a sus bolsillos y sacaron cordel y plumas y trocitosde tela de colores. ¡Saben que estoy aquí!, pensó Tiffany, y susurró: —¡No me veas! Parpadeó y se meció sobre sus talones mientras regresaba a la pequeñafigura quieta junto al arbusto de acebos. En la distancia, la Srta. Level hacíadesesperadamente un amaño y la Srta. Tick miraba a su alrededor en elbosque. —¡Tiffany, ven aquí inmediatamente! —gritó. —Sí, Srta. Tick —dijo Tiffany, acercándose al trote como una buenaniña. De alguna manera me descubrieron, pensó. Bien, son brujas, despuésde todo, incluso si en mi opinión no son muy buenas. Entonces vino la presión. Pareció aplastar al bosque y llenarlo con lahorrible sensación de que hay algo parado detrás de uno. Tiffany cayó derodillas con las manos sobre las orejas y algo peor que un dolor de oídosestrujándole la cabeza. —¡Terminé! —gritó la Srta. Level. Alzó el amaño. Era muy diferente al
    • 40. de la Srta. Tick, y hecho de cordel, plumas de cuervo y cuentas negrasbrillantes y, en el medio, una caja de fósforos corriente. Tiffany aulló. El dolor era como de agujas al rojo vivo y sus oídosestaban llenos de zumbido de moscas. La caja de fósforos estalló. Y entonces hubo silencio, y cantos de aves, y nada para mostrar quealgo hubiera sucedido aparte de algunos trozos de caja de fósforos cayendoen espiral, con un fragmento iridiscente de ala. —Oh cielos —dijo la Srta. Level—. Era muy buen escarabajo, para serun escarabajo... —Tiffany, ¿estás bien? —dijo la Srta. Tick. Tiffany parpadeó. El dolor se había ido tan rápido como había llegado,dejando solamente un recuerdo ardiente. Se puso de pie. —¡Creo que sí, Srta. Tick! —¡Entonces, una palabra, por favor! —dijo la Srta. Tick, caminando conpaso firme hacia un árbol y parándose allí con aspecto severo. —¿Sí, Srta. Tick? —dijo Tiffany. —¿Acaso... hiciste algo? —dijo la Srta. Tick—. No has estado invocandocosas, ¿verdad? —¡No! ¡De todos modos, no sabría cómo hacerlo! —dijo Tiffany. —No son tus hombrecillos entonces, ¿verdad? —dijo la Srta. Tickdesconfiada. —No son míos, Srta. Tick. Y no hacen ese tipo de cosas. Sólo gritan‘¡Crivens!’ y luego empiezan a patear los tobillos de las personas. Usted sabeque son ellos definitivamente. —Bien, sea lo que fuera, parece haberse ido —dijo la Srta. Level—. Ydeberíamos irnos, también, de otra manera estaremos volando toda lanoche. —Extendió la mano detrás de otro árbol y recogió un manojo de leña.Por lo menos, se veía exactamente de ese modo, porque se suponía quedebía hacerlo—. Mi propia invención —dijo, recatadamente—. Una nuncasabe aquí abajo en las llanuras, ¿verdad? Y el asa sale mediante estebotón... Oh, lo siento tanto, a veces lo hace. ¿Alguien vio dónde se fue? El asa fue localizada en un arbusto, y atada nuevamente.
    • 41. Tiffany, una muchacha que escuchaba lo que las personas decían,observó atentamente a la Srta. Level. Tenía sólo una nariz sobre su cara,claramente, y era más bien incómodo imaginar dónde alguien podría tenerotra y para qué la usaría. Entonces la Srta. Level sacó un poco de soga del bolsillo y se la pasó aalguien que no estaba ahí. Eso fue lo que hizo, Tiffany estaba segura. No la dejó caer, no la lanzó,sólo la sostenía y la soltó, como si pensara que la estaba colgando en ungancho invisible. Se posó en un rollo sobre el musgo. La Srta. Level bajó lavista, entonces vio que Tiffany la miraba fijo y se rió nerviosa. —Tonta de mí —dijo—. ¡Pensé que yo estaba ahí! ¡Olvidaré mi propiacabeza después! —Bien... si es la que está en la parte de arriba de su cuello —dijoTiffany cautelosamente, todavía pensando en la otra nariz—, todavía latiene. La vieja maleta fue atada al extremo cerdoso del palo de escoba, queahora flotaba tranquilamente a unos pies sobre la tierra. —Listo, eso hará un buen asiento cómodo —dijo la Srta. Level, ahora labolsa de nervios en que se convierten las personas, la mayoría, cuandosienten que Tiffany las mira fijo—. Si quieres trepar detrás de mí. Er. Es loque normalmente hago. —¿Trepa detrás de usted normalmente? —dijo Tiffany—. ¿Cómopuede...? —Tiffany, siempre he alentado tu manera directa de hacer preguntas —dijo la Srta. Tick en voz muy alta—. Y ahora, por favor, ¡me encantaríafelicitarte por tu dominio del silencio! Trepa detrás de la Srta. Level, estoysegura de que querrá partir mientras todavía haya un poco de luz de día. El palo se balanceó un poco cuando la Srta. Level lo montó. Lo palmeó,invitándola. —No tienes miedo a las alturas, ¿verdad, querida? —dijo mientrasTiffany trepaba. —No —dijo Tiffany. —Pasaré de visita cuando venga a las Pruebas de Brujas —dijo la Srta.
    • 42. Tick mientras Tiffany sentía que el palo subía suavemente bajo ella—. ¡Tencuidado! Resultó que cuando la Srta. Level le preguntó a Tiffany si tenía miedode las alturas, era la pregunta equivocada. Tiffany no tenía miedo a lasalturas en absoluto. Podía pasar junto a árboles altos sin parpadear.Levantar la mirada hacia las inmensas montañas altísimas no la molestabani un poco. De lo que sí tenía miedo, aunque no se había dado cuenta hasta estemomento, era de las profundidades. Tenía miedo de caer desde tan alto enel cielo que tuviera tiempo de quedarse sin aliento gritando antes de golpearcontra las rocas, tan duro que se convertiría en una especie de jalea y quetodos sus huesos se harían polvo. A decir verdad, tenía miedo del suelo. LaSrta. Level debería haber pensado antes de preguntar. Tiffany se agarró del cinturón de la Srta. Level y miró fijo la tela de suvestido. —¿Alguna vez has volado, Tiffany? —preguntó la bruja mientraslevantaban vuelo. —¡Gnf! —chilló Tiffany. —Si quieres, podría volar en un pequeño círculo —dijo la Srta. Level—.Debemos tener una buena vista de tu tierra desde aquí. Ahora el aire pasaba veloz junto a Tiffany. Hacía mucho más frío.Mantuvo sus ojos firmemente clavados en la tela. —¿Te gustaría? —dijo la Srta. Level, levantando la voz mientras elviento se escuchaba más fuerte—. ¡No nos llevará ni un momento! Tiffany no tuvo tiempo de decir que no, y en todo caso estaba segurade que habría vomitado si abría la boca. El palo se bamboleó bajo ella y elmundo se puso de costado. No quería mirar, pero recordó que una bruja era siempre inquisitivahasta el punto de ser entrometida. Para ser bruja, tenía que mirar. Se arriesgó a echar un vistazo y vio el mundo allá abajo. La luz roja ydorada del atardecer corría a través de la tierra, y abajo estaban las largassombras de Doscamisas y, más lejos, los bosques y los pueblos hasta lalarga colina curva de la Creta...
    • 43. ... que brillaba roja, y la blanca talla del Caballo de creta ardía oro comoel colgante de algún gigante. Tiffany se quedó mirándolo; en la apagada luzde la tarde, con las sombras huyendo del sol que se escondía, parecía vivo. En ese momento quiso saltar de allí, regresar volando, llegar allícerrando los ojos y golpeando sus talones, hacer cualquier cosa... ¡No! Había empacado esos pensamientos, ¿verdad? ¡Tenía queaprender, y no había nadie sobre las colinas que le enseñara! Pero la Creta era su mundo. Caminaba sobre ella todos los días. Podíasentir su antigua vida bajo los pies. La tierra estaba en sus huesos,exactamente como dijo Yaya Doliente. Estaba en su nombre también; en lavieja lengua de los Nac Mac Feegle su nombre sonaba a ‘Tierra Bajo LasOlas’, y en el ojo de su mente había caminado en esos profundos maresprehistóricos cuando se formaba la Creta, en una lluvia de un millón de añoshecha de las conchas de diminutas criaturas. Caminó una tierra hecha de lavida, y la respiró, y la escuchó, y pensó sus pensamientos por ella. Verlaahora, pequeñita, sola, en un panorama que se extendía hasta el final delmundo, era demasiado. Tenía que regresar... Por un momento el palo se balanceó en el aire. ¡No! ¡Sé que debo irme! Se sacudió hacia atrás, y tuvo una repugnante sensación en elestómago cuando el palo giró hacia las montañas. —Un poco de turbulencia allí, creo —dijo la Srta. Level por encima delhombro—. A propósito, ¿te advirtió la Srta. Tick sobre los gruesos calzonesde lana, querida? Tiffany, todavía alterada, masculló algo que logró que sonara como un‘no’. La Srta. Tick había mencionado los calzones, y cómo una bruja sensatallevaba al menos tres para evitar que se formara hielo, pero los olvidó. —Oh cielos —dijo la Srta. Level—. Entonces es mejor que bajemos a laaltura de los setos. El palo cayó como una piedra. Tiffany nunca olvidó ese paseo, aunque trató de hacerlo a menudo.Volaban justo sobre la tierra, que era una mancha debajo de sus pies. Cadavez que llegaban a una cerca o a un seto la Srta. Level lo saltaba con gritos
    • 44. de ‘¡Aquí vamos!’, o ‘¡Upalalá!’, que probablemente servirían para hacersentir mejor a Tiffany. No lo lograron. Vomitó dos veces. La Srta. Level volaba con la cabeza inclinada tan abajo que casi estabaal nivel del palo, por lo tanto obtenía la máxima ventaja aerodinámica delsombrero puntiagudo. Era bastante regordete, de sólo unas nueve pulgadasde altura, más bien como un sombrero de payaso sin los pompones; Tiffanyaveriguó después que era para no tener que quitárselo cuando entraba enlas cabañas de techo bajo. Después de un rato —una eternidad desde el punto de vista de Tiffany—dejaron las tierras de granjas y empezaron a volar sobre laderas de colinas.En poco tiempo dejaron atrás los árboles también, y el palo voló por encimade las rápidas aguas de un ancho río, lleno de rocas. El rocío salpicaba susbotas. Escuchó a la Srta. Level gritar encima del rugido del río y del viento: —¿Te molestaría reclinarte? ¡Esta parte es un poco difícil! Tiffany se arriesgó a echar una ojeada sobre el hombro de la bruja, ylanzó un grito entrecortado. No había mucha agua sobre la Creta, excepto los pequeños arroyos quelas personas llamaban bordes, que corrían valle abajo a finales de invierno yse secaban completamente en verano. Unos grandes ríos corrían sobre ella,por supuesto, pero eran lentos y dóciles. El agua adelante no era lenta ni dócil. Era vertical. El río corría hacia el cielo azul oscuro, se disparaba hasta las estrellastempranas. La escoba lo siguió. Tiffany se reclinó y gritó, y continuó gritando mientras el palo de escobase inclinaba en el aire y trepaba la cascada. Conocía la palabra, porsupuesto, pero la palabra no era tan grande, tan mojada, y sobre todo tansonora. La neblina la empapaba. El ruido machacaba sus orejas. Se agarró delcinturón de la Srta. Level mientras trepaban a través del rocío y el trueno ysintió que resbalaría en cualquier momento... ... y entonces fue lanzada hacia adelante, y el ruido de la cascada seapagó detrás de ella mientras el palo, ahora hacia adelante más que hacia
    • 45. arriba, aceleraba a través de la superficie de un río que, mientras todavíasaltaba y echaba espuma, tenía la decencia de hacerlo en el suelo por lomenos. Había un puente muy arriba, y unas paredes de fría roca bordeaban elrío a cada lado, pero las paredes se pusieron más bajas y el río más lento yel aire más tibio otra vez hasta que el palo de escoba sobrevoló a través deagua plana y en calma que probablemente no sabía qué iba a sucederle.Unos peces de plata se alejaron zigzagueando mientras pasaban sobre lasuperficie. Después de un rato la Srta. Level hizo una curva arriba a través denuevos campos, más pequeños y más verdes que los de casa. Había árbolesotra vez, y pequeños bosques en profundos valles. Pero la última luz del solse escapaba y, pronto, todo lo que había abajo era oscuridad. Tiffany debió quedarse dormida, pegada a la Srta. Level, porque sintióuna sacudida y despertó mientras el palo de escoba se detenía en el aire. Elsuelo estaba a cierta distancia abajo, pero alguien había colocado un anillode lo que resultaron ser cabos de vela, ardiendo en viejos potes. Con delicadeza, girando despacio, el palo bajó hasta que estuvo justoencima del césped. En este momento las piernas de Tiffany decidieron desenredarse, ycayó. —¡Hemos llegado! —dijo la Srta. Level alegremente, recogiéndola—. ¡Lohiciste muy bien! —Lamento haber gritado y vomitado... —farfulló Tiffany, tropezandocon uno de los potes y golpeando la vela. Trató de distinguir algo en laoscuridad, pero su cabeza daba vueltas—. ¿Quién encendió las velas, Srta.Level? —Yo lo hice. Entremos, se está poniendo frío... —empezó la Srta. Level. —Oh, con magia —dijo Tiffany, todavía mareada. —Bien, puede ser hecho con magia, sí —dijo la Srta. Level—. Peroprefiero los fósforos, que necesitan por supuesto mucho menos esfuerzo yson bastante mágicos en sí, cuando te pones a pensar en ellos. —Desató lamaleta del palo y dijo—: ¡Aquí estamos, entonces! ¡Espero que te guste
    • 46. estar aquí! Otra vez estaba esa alegría. Incluso sintiéndose enferma y mareada, ymuy interesada en saber dónde estaba el retrete lo antes posible, Tiffanytodavía tenía orejas que trabajaban y una mente que, por mucho que lointentara, no paraba de pensar. Y pensaba: Esa alegría tiene grietasalrededor de los bordes. Algo no está bien aquí...
    • 47. CAPÍTULO 3 Una dama de mente simple Había una cabaña, pero Tiffany no podía ver mucho en la penumbra.Unos manzanos se aglomeraban a su alrededor. Algo que colgaba de unarama la rozó mientras, caminando de manera inestable, seguía a la Srta.Level. Se balanceó con un sonido tintineante. Se escuchaba el sonido deagua que corría, también, a cierta distancia. La Srta. Level estaba abriendo una puerta. Conducía a una pequeñacocina intensamente iluminada y asombrosamente ordenada. Un fuego ardíavigorosamente en la cocina de hierro. —Hum... se supone que soy la aprendiza —dijo Tiffany, todavía débilpor el vuelo—. Haré algo para beber si me muestra dónde están las cosas... —¡No! —interrumpió la Srta. Level, levantando las manos. Parecía queel grito la hubiera asustado, porque temblaba cuando las bajó—. No, yo...yo... ni lo soñaría —dijo, con una voz más normal, tratando de sonreír—.Has tenido un largo día. Te mostraré tu habitación y dónde están las cosas,y te traeré un poco de estofado, y puedes ser aprendiz desde mañana. Nohay apuro. Tiffany miró la olla que borboteaba sobre la cocina de hierro, y el pansobre la mesa. Era pan recién horneado, podía olerlo. El problema con Tiffany era que tenía Terceros Pensamientos. 6Pensaban: Ella vive sola. ¿Quién prendió el fuego? Una olla que borboteanecesita ser removida de vez en cuando. ¿Quién la revolvió? Y alguienencendió las velas. ¿Quién? —¿Hay alguien más viviendo aquí, Srta. Level? —dijo. La Srta. Level miró desesperadamente la olla y el pan y a Tiffany. —No, estoy solamente yo —dijo, y de algún modo Tiffany supo que le6 Los Primeros Pensamientos son los de todos los días. Todos los tienen. Los Segundos Pensamientos son los quepiensas acerca de la manera en que piensas. Las personas disfrutan pensando que los tienen. Los TercerosPensamientos son los que miran el mundo y piensan por sí solos. Son infrecuentes, y a menudo problemáticos.Escucharlos es parte de la brujería. (Nota del autor)
    • 48. estaba diciendo la verdad. O una verdad, de todos modos. —¿Por la mañana? —dijo la Srta. Level, casi suplicando. Se veía tantriste que Tiffany realmente se sintió apenada por ella. Sonrió. —Por supuesto, Srta. Level —dijo. Hubo un breve viaje a la luz de una vela. Había un retrete no lejos de lacabaña; era uno de dos pozos; Tiffany pensó que era un poco raro pero, porsupuesto, tal vez otras personas habían vivido aquí alguna vez. Tambiénhabía una habitación sólo para un baño, un terrible desperdicio de espaciosegún los estándares de la Granja Hogar. Tenía su propia bomba y una grancaldera para calentar el agua. Esto era definitivamente refinado. Su dormitorio era una... buena habitación. Buena era una muy buenapalabra. Todo tenía volantes. Cualquier cosa que pudiera tener una cubiertaestaba cubierta. Se había hecho algún intento de hacer la habitación...alegre, como si un dormitorio fuera una cosa maravillosa. La habitación deTiffany allá en la granja tenía una alfombra de trapo sobre el piso, una jarrade agua y palangana sobre un estante, una gran caja de madera para laropa, una antigua casa de muñecas y algunas viejas cortinas de percal y esoera casi todo. En la granja, los dormitorios servían para cerrar los ojosadentro. Esta habitación tenía una cómoda. El contenido de la maleta de Tiffanyllenó fácilmente un cajón. La cama no sonó cuando Tiffany se sentó sobre ella. Su vieja camatenía un colchón tan viejo que tenía un cómodo hueco en el medio, y todoslos muelles hacían ruidos diferentes; si no podía dormir, podía mover variasde su cuerpo y tocar Las Campanas de St Ungulants sobre ellos... cling twingglong, gling ping bloyinnng, dlink plang dyonnng, ding ploink. Esta habitación olía diferente también. Olía a habitación de invitados, yal jabón de otras personas. Al fondo de su maleta estaba la pequeña caja que el Sr. Block, elcarpintero de la granja, había hecho para ella. No se le daba el trabajodelicado, y era bastante pesada. Adentro, ella guardaba... recuerdos. Habíaun trozo de creta con un fósil, que era muy singular, y su sello personal de
    • 49. mantequilla (que mostraba una bruja sobre un palo de escoba) en caso deque tuviera la oportunidad de hacer mantequilla aquí, y una piedra dobby[6],que se suponía era de suerte porque tenía un agujero. (Se lo habían dichocuando tenía siete años, y la había recogido. No podía entender cómo elagujero la hacía de suerte, pero ya que había pasado mucho tiempo en subolsillo, y entonces sana y salva en la caja, probablemente era másafortunada que la mayoría de las piedras, que eran pateadas y pisadas porlos carros, y todo eso) También había una envoltura azul y amarilla de un viejo paquete detabaco Jolly Sailor, y una pluma de halcón, y una antigua punta de flecha depedernal envuelta cuidadosamente en un poco de lana de oveja. Habíamuchas de éstas en la Creta. Los Nac Mac Feegle las usaban como puntas delanza. Los alineó prolijamente sobre la cómoda, junto a su diario, pero nohicieron que el sitio pareciera más familiar. Sólo se veían solitarios. Tiffany tomó la vieja envoltura y la lana de oveja y las olfateó. No eraexactamente el olor de la cabaña rodante, pero estaba lo bastante cercapara provocar sus lágrimas. Nunca antes había pasado una noche lejos de la Creta. Conocía lapalabra ‘nostalgia’ y se preguntó si este sentimiento frío y delgado quecrecía dentro de ella era eso. Alguien golpeó la puerta. —Soy yo —dijo una voz amortiguada. Tiffany saltó del lecho y abrió la puerta. La Srta. Level entró con una bandeja que tenía un tazón de estofado deres y un poco de pan. La puso en la pequeña mesa junto a la cama. —Si la pones fuera de la puerta cuando hayas terminado, la bajaré mástarde —dijo. —Muchas gracias —dijo Tiffany. La Srta. Level hizo una pausa en la puerta. —Va a ser tan bueno tener a alguien con quien hablar, aparte de mímisma —dijo—. Espero que no quieras irte, Tiffany. Tiffany le respondió con una pequeña sonrisa feliz, entonces esperó
    • 50. hasta que la puerta se cerrara y que las pisadas de la Srta. Level bajaran laescalera antes de acercarse de puntillas a la ventana y verificar que no teníaningún barrote. Había algo asustadizo en la expresión de la Srta. Level. Era más bienhambriento y esperanzado y suplicante y asustado, todo al mismo tiempo. Tiffany también verificó que podía pasar un cerrojo a la puerta deldormitorio desde adentro. El estofado de res sabía, de veras, exactamente a estofado de res y no,sólo por tomar un ejemplo completa y totalmente al azar, a un estofadohecho con la última pobre muchacha que había trabajado aquí. Para ser una bruja, tienes que tener una muy buena imaginación. Eneste momento, Tiffany deseaba que la suya no fuera tan buena. Pero laSeñorita Ceravieja y la Srta. Tick no le habrían permitido venir aquí si fuerapeligroso, ¿verdad? Bien, ¿lo harían? Podrían. Claro que podrían. Las brujas no eran partidarias de hacer lascosas demasiado fáciles. Suponían que usabas tu cerebro. Si no usabas tucerebro, no tenías para qué ser una bruja. El mundo no te hace las cosasfáciles, dirían. Aprende cómo aprender rápido. Pero... le darían una oportunidad, ¿verdad? Por supuesto. Probablemente. Casi había terminado el estofado no-hecho-de-personas-en-absoluto-honestamente cuando algo trató de quitarle el tazón de la mano. Era el mássuave de los tirones, y cuando lo retuvo automáticamente, el tirón paró deinmediato. De acuerdo, pensó. Otra cosa extraña. Bien, ésta es la cabaña de unabruja. Algo tiró de la cuchara pero, otra vez, paró tan pronto la retuvo. Tiffany puso el tazón vacío y la cuchara sobre la bandeja. —Muy bien —dijo, esperando sonar no temerosa en absoluto—. Heterminado. La bandeja se alzó en el aire y derivó suavemente hacia la puerta dondeaterrizó con un apagado tintineo.
    • 51. En la puerta, el cerrojo se deslizó. La puerta se abrió. La bandeja se elevó y navegó a través de la abertura. La puerta se cerró. El cerrojo se cerró. Tiffany escuchó el tintineo de la cuchara mientras, en algún lugar deloscuro descansillo, la bandeja avanzaba. A Tiffany le pareció que era crucialmente importante que pensara antesde hacer algo. Y así que pensó: Sería estúpido correr de un lado para el otrogritando porque retiraron tu bandeja. Después de todo, quien lo había hechoincluso tuvo la decencia de poner el cerrojo a la puerta después, quesignificaba que respetaba su privacidad, incluso mientras la ignoraba. Se cepilló los dientes en el lavabo, se puso el camisón y se metió en ellecho. Sopló la vela. Luego de un momento se levantó, volvió a encender la vela y con unpoco de esfuerzo arrastró la cómoda enfrente de la puerta. No estaba muysegura de la razón, pero se sintió mejor por hacerlo. Se acostó en la oscuridad otra vez. Tiffany estaba acostumbrada a dormir mientras, afuera en las lomadas,las ovejas hacían baa y sus campanas ocasionalmente hacían tonk. Aquí arriba, no había ninguna oveja que hiciera baa ni campanas quehicieran tonk y cada vez que no sucedía, se despertaba pensando: ¿Qué fueeso? Pero al final se durmió, porque recordaba haber despertado en mediode la noche para escuchar que la cómoda se deslizaba muy despacio haciasu posición original. Tiffany despertó, todavía viva y no degollada, cuando el amanecerapenas se volvía gris. Unas aves poco familiares cantaban. No había ningún sonido en la cabaña, y pensó: Soy la aprendiza,¿verdad? Soy la que debería estar limpiando y encendiendo el fuego. Sécómo se supone que se hace eso.
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